Mamá Consciente: Las 3 C´s del aprendizaje

Ninguna investigación apoya la idea de que halagar a los niños para que suban poco a poco las escaleras construidas por los adultos les ayude a desarrollar un sentido de competencia. De hecho, los halagos por el éxito sobre tareas relativamente simples envía el mensaje de que el niño no debe ser muy brillante. Además, no se ayuda a que los niños encuentren el material importante o interesante si se les halaga por hacerlo. En general, cuanto más se empuja a un niño a hacer algo a cambio de una recompensa, ya sea tangible o verbal, más disminuirá su interés la próxima vez que la haga. Esto puede explicarse en parte por el hecho de que los halagos, como otras recompensas, son básicamente un instrumento de control; el mensaje que infiere el niño es: “esto debe ser algo que me debería gustar hacer; si no, no tendrían que sobornarme para que lo haga”.

Lo anterior no va a ser fácilmente aceptado por la mayoría de la gente. Parece ir contra nuestra experiencia de cada día.



Lo hace y no lo hace. Por ejemplo, los padres se acercan a mi y me dicen: “¿Sabes? es divertido que digas esto porque justo ayer le dije a mi hijo que quitara la mesa después de cenar y me dijo: “¿que me vas a dar a cambio?”. Lo que encuentro extraordinario no es lo que dijo el niño, sino que el padre me pida que sacuda la cabeza y sienta lástima por los “Niños de Hoy”. Lo que quiero preguntar es: “¿Dónde crees que el niño aprendió esto?”, y si pregunto esto, la gente entiende.

Hay incluso algunas investigaciones en Missouri que demuestran que cuando se preguntó a los estudiantes universitarios “¿Crees que las recompensas llevan a tener más o menos interés en la tarea?” contestaron erróneamente. Pero tan pronto como se les explicaron los resultados de las investigaciones, todos dijeron, “Oh, si, ya lo sabía”. Mucha gente ha tenido la experiencia de hacer algo únicamente porque amaban hacerlo -hasta que empezaron a cobrar por ello, después de lo cual ni soñaron en volverlo a hacer sin cobrar. El fenómeno por el cual los motivadores extrínsecos hacen desaparecer la motivación intrínseca no está en boca de todos, pero tampoco está tan lejos de nuestra consciencia.

De todas formas, es una forma diferente de pensar sobre las cosas. Por ejemplo, me gusta cuando la gente me reconoce por algo que he conseguido.

Si, por supuesto. Todos queremos ser apreciados, animados y amados. La pregunta es si esta necesidad debe tomar la forma de lo que a menudo parece una palmadita condescendiente en la cabeza con un “buen chico”, a lo que pienso que la respuesta lógica es ¡“grrr!”.

Conozco un montón de adultos que son adictos a los halagos: desafortunadamente incapaces de pensar sobre el valor de sus propias actividades y acciones y productos y completamente dependientes de que alguien les diga que hicieron un buen trabajo. Esta es la conclusión lógica después de haber estado “adobados” en halagos durante años. Y quizá hay una forma más empoderadora y respetuosa de compartir la opinión de uno que mediante una recompensa verbal.

Me sorprendo con profesores que me dicen una y otra vez: “no entiendes los orígenes y los hogares donde viven estos chicos; vienen de lugares sin amor, brutales a veces, y me dices que no les halague?”. Mi respuesta es: “si”. Lo que estos chicos necesitan es apoyo incondicional y ánimo y amor. Los halagos no sólo son diferentes a esto, son lo contrario. Alabar es “salta a través de mi aro y sólo entonces te diré que buen trabajo has hecho y lo orgulloso que estoy de ti”. Y esto puede ser problemático. Por supuesto, con retroalimentación positiva, es una cuestión de matiz, énfasis e implementación. Este no es el caso de las estrellas de oro, los chocolates, los sobresalientes, los que considero inherentemente destructivos.

Uno de los mitos centrales que arrastramos es que existe esta entidad individual que llamamos “motivación” de la cual uno puede tener más o menos. Y por supuesto queremos que los niños tengan más, así que les damos sobresalientes, halagos y pizza. Lo cierto es que hay tipos cualitativamente diferentes de motivación. Debemos parar de preguntar: “¿Cómo están de motivados mis estudiantes?” y empezar a preguntar: “¿Como se motivan mis estudiantes?”. El tipo de motivación obtenida por incentivos externos no sólo es menos efectiva que la motivación intrínseca, sino que amenaza con erosionar la motivación intrínseca, esa excitación sobre lo que uno está haciendo.

Así que entonces, ¿Qué sugieres en vez de eso?

A veces hablo de las tres C´s de la motivación:

La primera C es el Contenido. Mucho más interesante para mi que saber si el estudiante ha aprendido lo que se suponía que debía aprender es la pregunta: “¿Se le ha dado al niño algo que merecía la pena aprender?”. Si me preguntas que hacer con un niño “distraído” -una de nuestras palabras de moda- mi primera respuesta va a ser: “¿Cuál es la tarea?”. Si les das basura para hacer, sí, puede ser que tengas que sobornarles para que la hagan. Si los niños tienen que rellenar interminablemente los espacios en blanco, no vas a liberarte pronto de las recompensas y amenazas.

La segunda C es de Comunidad: no solo aprendizaje cooperativo, sino también ayudar a los niños a que se sientan parte de un espacio seguro en el que se sientan libres de pedir ayuda, en el que lleguen a cuidarse los unos de los otros en vez de ser manipulados para compartir o no ser tacaños. Un trabajo sobresaliente en crear comunidades afectuosas se está haciendo en el Centro de Estudios de Desarrollo en Oakland, California.

La tercera C es de Elección “Choice” en inglés, asegurarse que los niños piensan sobre lo que hacen y cómo y con quién y porqué. Los niños no aprenden a tomar buenas decisiones siguiendo órdenes, sino tomando decisiones.

Enséñame una escuela que realmente tenga esas tres C´s -donde los estudiantes trabajan los unos con los otros en un ambiente afectuoso para dedicarse a tareas interesantes que ellos han elegido- y te enseñaré un lugar donde no se necesitan premios ni recompensas.

Esther Fasja