Decía Plotino que la materia, en su pluralidad, recibe a las almas y las envuelve, las aprisiona y hace que olviden su origen.

El hombre no debe quedarse aprisionado por las pequeñas bellezas de los objetos; antes bien, ha de reconocer en ellas sombras, reflejos de otra belleza que es su fuente, y ha de tratar de remontarse por esta escala de seres y bellezas relativas hasta llegar a la fuente de todas ellas.



Según Platón el objetivo de toda educación es abrir el ojo interior, el ojo del alma.

Platón, en la República dice que el objetivo de la educación es abrir este ojo, y no sumar conocimiento. Todo lo que se enseña debe tener como objetivo abrir este ojo del alma, único capaz de poder percibir lo bello, lo bueno y lo justo. La educación del alma, la apertura de este ojo, se hace paso a paso

“si todavía no ves la belleza en ti, haz como el escultor de una estatua que debe ser bella; toma una parte, la esculpe, la pule hasta sacar líneas bellas del mármol. Como aquel, quita lo superfluo, endereza lo que es oblicuo, limpia lo que es oscuro para hacerlo brillante, y no dejes de esculpir tu propia estatua, hasta que el resplandor divino de la virtud se manifieste, hasta que veas la templanza sentada en su trono sagrado”.  Plotino

El verdadero y único desgraciado es aquel que no descubre lo bello; para obtenerlo es necesario dejar a un lado los reinos y la dominación de toda la tierra, del mar y del cielo, si, gracias a este abandono y a este desprecio, puede volverse hacia Él para verlo