La lectura en los primeros años de vida y su increíble beneficio en el cerebro

De acuerdo con la Reunión Anual de las Sociedades Académicas de Pediatría (PAS, por sus siglas en inglés) que tuvo lugar en San Diego, EE.UU., leer cuentos a los niños tiene la capacidad de potencialidad su actividad cerebral, así como de reforzar las habilidades de la lectura temprana.

Por primera vez, la ciencia tiene la evidencia para demostrar que la exposición a la lectura durante los primeros años del desarrollo (previo a la etapa de la guardería) tiene un impacto significativo y medible en el funcionamiento cerebral del infante. Esta actividad permite que el pequeño procese historias prediciendo el éxito en la lectura.

John Hutton, del National Research Service, entre otras asociaciones en EE.UU., explica que la lectura respalda a ciertas áreas del cerebro con imágenes mentales, las cuales fomentan la creación de conexiones en el cerebro que promueven el desarrollo del lenguaje.

Para tal investigación, el equipo de Hutton se dieron a la tarea de estudiar a 19 preescolares de entre tres y cinco años de edad, de entre los cuales el 37 por ciento provenían de familias de ingresos bajos. El estudio se basó en tres principales áreas para medir la estimulación cognitiva en el hogar: la lectura de padres a hijos (incluyendo el acceso a libros, frecuencia de la lectura y la variedad de libros leídos), la interacción entre padres e hijos y si los padres enseñan habilidades específicas tales como contar. A lo largo de la observación, los pequeños estuvieron bajo la prueba de imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI), la cual se dedica a medir la actividad cerebral mientras escuchaban historias acordes a su edad.

Los resultados mostraron que, a mayor exposición a la lectura en el hogar, mayor es la activación de áreas cerebrales específicas que apoyan el procesamiento semántico (es decir, la extracción de significado del lenguaje). Se trata de áreas críticas para el desarrollo óptimo del lenguaje oral, la imaginación mental, la comprensión de la narrativa y para, eventualmente, el de la lectura. De algún modo esto permite simplemente “ver” la historia.

Para Hutton, “[e]sto se vuelve cada vez más importante a medida que los niños pasan de libros con dibujos a libros sin ellos, en los que deben imaginar qué está pasando en el texto”. Es decir que la lectura compartida puede convertirse en una herramienta útil para el desarrollo óptimo del cerebro para ayudar a mejorar tanto la identificación como las intervenciones de dificultades del desarrollo.

Fotografía principal: Granparents

 

Redacción

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