Conmovedoras fotografías de un niño con síndrome de Down aprendiendo a volar

del mundo. Nos imaginábamos cómo sería recorrer las calles de la ciudad, campos de cultivo, terrenos del bosque o de la selva, alcanzar las orillas del mar infinito. Había ocasiones en que esta fantasía alcanzó el mundo de nuestros sueños, despertando con una ligereza casi extraordinaria (de no ser por la decepción de vivir la pesada realidad).

Al experimentar una ligera decepción de no poder volar puede convertirse en el motor para generar un vínculo especial entre padres y sus hijxs. Como sucedió en el caso de Alan Lawrence, fotógrafo y educador estadounidense, quien le enseñó a su hijo con síndrome de Down, Wil, a volar.

Lawrence explica que al principio, Wil se frustraba y lloraba en el suelo, levantando las piernas y moviendo los brazos como si intentara volar. Esto provocó en él esta increíble idea de empoderamiento y terapia en conjunto: unas fotografías donde Wil podía volar y ser feliz haciéndolo. De hecho, el proyecto lo nombró Wil Can Fly (Wil puede volar), demostrando que un síndrome del desarrollo no es un incapacitante para crear arte ni para ser genuinamente feliz:

 

Redacción

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