El psicoanalista Freud le explica a una madre preocupada que la homosexualidad no es nada por la cual avergonzarse

Para hablar sobre la homosexualidad es indispensable quitarnos esta máscara juiciosa que nos señala lo que está “bien” y lo que está “mal”, dejar de posicionarnos en esta actitud egocentrista que denota esta capacidad ilusoria de emitir juicios de valor de acuerdo con nuestras creencias, de considerarnos dignos y merecedores de una información verídica y real sobre la sexualidad.

Actualmente, los hombres y mujeres homosexuales sufren de una constante discriminación debido a su orientación sexual (la cual se define según el sexo con quien tienes una relación amorosa). Tan sólo en la ciudad de México, el 70 por ciento de esta población es discriminada a diario, lo cual llega a provocar graves consecuencias a nivel social, emocional y físico.

¿Cómo saber si yo formo parte del acosador que discrimina a esta población? Desde nuestra infancia, las tradiciones y costumbres se han encargado de formar nuestras respectivas cosmovisiones en relación con ese  semejante, ese extraño o ese individuo “diferente”. Al reflexionar sobre cómo aprendimos a observar, tratar y hablar a ese ser con prácticas diferentes, entonces podemos responder si los aceptamos, respetamos, toleramos, mantenemos al límite, los aborrecemos o simplemente deseamos “regresarlos al camino de la normalidad”.

El problema real es verlo como una anormalidad o una enfermedad que requiere, urgentemente, de una panacea para salvarse de las llamas de los prejuicios, de infecciones transmitidas sexualmente, del pecado, entre otros mitos. Esto sucede dado que nos encontramos, de nuevo, en una posición que emite juicios de valor en vez de una que permite la comprensión humana sobre el bienestar, el derecho sexual y la felicidad. Es por ello que la homosexualidad, al igual que la heterosexualidad, se trata realmente de una fuerza interna que sublima al ser humano en su totalidad.

Sigmund Freud, fundador y creador del Psicoanálisis así como de la teoría del desarrollo psicosexual en la infancia, fue uno de los primeros médicos en expresar esta comprensión de la condición humana. Sin la necesidad de verse obligado a “salvar” o “curar” a esta población, Freud explicó a través de una carta a una madre cuyo hijo era homosexual, que la orientación sexual no es razón para avergonzarse ni un vicio ni una degradación ni una enfermedad:

9 de abril de 1935

Estimada Sra. [borrado]:

Por su carta colijo que su hijo es homosexual. Me asombra el hecho de que usted misma no lo mencionara con ese término en su carta sobre él. ¿Puede preguntarle por qué lo evitó? Es cierto que la homosexualidad no es ninguna ventaja, pero tampoco es algo de lo cual avergonzarse; no es un vicio ni una degradación; tampoco se puede clasificar como una enfermedad. Nosotros la consideramos una variación de la función sexual, provocada por cierto freno en el desarrollo sexual. Muchos individuos altamente respetables del pasado y el presente han sido homosexuales, entre ellos muchos grandes hombres (Platón, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, etc.). Es una gran injusticia perseguir la homosexualidad como si se tratase de un crimen, incluso es una crueldad. Si usted no me cree, lea los libros de Havelock Ellis.

Al preguntarme si puedo ayudar, usted quiere decir, supongo, si puedo revocar la homosexualidad y hacer que la normalidad heterosexual tome su lugar. La respuesta es que, en un sentido general, no podemos prometer conseguirlo. En algunos casos logramos que se desarrollen las semillas embotadas de las tendencias heterosexuales, que están presentes en todo homosexual; pero en la mayoría de los casos esto no es posible. Se trata de una cuestión de la calidad y la edad del individuo. El resultado del tratamiento es imprevisible.

Lo que el análisis puede hacer por su hijo corre sobre una vía distinta. Si él es infeliz, neurótico, si se encuentra destrozado por sus conflictos, si su vida social está inhibida, el análisis quizá le brinde armonía, paz de mente, eficiencia plena, sea que se mantenga homosexual o cambie. Si usted decide que él debe analizarse conmigo —pero no espero que usted piense eso—, su hijo tiene que venir a Viena. No tengo ninguna intención de salir de aquí. Sea lo que fuere, no deje de responderme.

Sinceramente suyo, con los mejores deseos,

Freud

Redacción

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