Esta mujer salvó de la muerte al hijo de su amiga al amamantarlo

Amamantar reduce riesgo de desarrollar Alzheimer

Anteriormente, las nodrizas, las madres de leche, eran las encargadas de alimentar a lxs pequeñxs de aquellas mujeres que no podían amamantar. En ocasiones, estas segundas madres eran amigas o hermanas. Se trataba de una tradición particular en que la unión entre dos mujeres revitalizaban un recién nacido en necesidad de alimentos.

Con la llegada de las fórmulas, esta costumbre se fue difuminando. Se crearon industrias y asociaciones donde se vende leche materna para complicaciones extremas de amamantamiento. A pesar del éxito obtenido con estas propuestas, se perdió en consecuencia esta unión empoderante que se transmite durante el proceso en que un bebé busca el pezón de esta figura protectora para obtener una sensación de tranquilidad y satisfacción.

Por ello es indispensable dar a conocer casos como los de Elisa Albert y Miranda Beverly, amigas que dieron a luz en fechas cercanas, quienes se encargaron de revivir la tradición de la fuerza empoderante a través del pecho materno.

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A mediados de enero de 2005, Albert dio a luz en su casa tras trece horas de labor de parto. Esta ilusión de la maternidad se volvió en angustia cuando su bebé no ganaba peso a pesar de estar siendo alimentado correctamente. Durante las primeras semanas, el pequeño continuaba bajando de peso. Los doctores comenzaron a contradecirse, generando confusión y angustia a la pareja: que el problema residía en la forma en que la boca de su hijo se acomodaba a su pezón, que la leche no era nutritiva, que el problema era anatómico al amamantar ante la falta de suministro de leche nutritiva.

Mientras tanto, Beverly continuaba amamantando a su hijo con normalidad.

Un día, las amigas se encontraron. Para Albert se volvió inevitable contarle a su amiga por la angustia por la que pasaba día y noche. Fue así que Beverly, con los antecedentes de que las mujeres compartían los hijos de sus amigas para alimentarlos, ofreció alimentarlo ante el sufrimiento tanto del pequeño como de su madre.

Albert reacción al principio con cautela:  “Ya me habían ofrecido ir a un banco de leche materna que había en Nueva York, pero me pareció que no estábamos tan desesperados como para llegar a eso. Lo mismo me pasó con la oferta de Miranda y la de otra amiga. Eso me tomó por sorpresa. Dije que no casi por instinto”.

No obstante, en la noche, tras esfuerzos inútiles para lograr alimentar correctamente a su hijo, donde él sólo podía llorar. Albert tomó la decisión de marcarle a su amiga. Desde ese entonces y por primera vez en los dos meses de maternidad, Albert vio cómo su hijo, sin estrés, se alimentaba plácidamente.

Para describir el momento, Beverly comentó la sorpresa que tuvo al observar la reacción de las personas sobre lo que hizo: “Aunque yo tenía los pezones un poco hinchados porque no estaba acostumbrada a eso, para mí fue normal, algo que podía hacer por una amiga que estaba en dificultades.”

Fue así que Albert llegó a la conclusión, tras consultar a otro especialista, que necesitaba combinar leche maternizada con la lactancia hasta que su cuerpo produjera la suficiente cantidad para el bebé. Aunque le tomó tres meses para lograrlo, finalmente pudo amamantar a su hijo:

Además de la ayuda de mi esposo en esta crisis, lo que más me ayudó fue ese círculo de amigas que se acercaron a darme una mano. Cuando se es madre primeriza, se pasa por muchas cosas difíciles. Es importante estar rodeada de personas que estén pendientes de ti […] Yo estoy muy agradecida con ella por la generosidad que mostró en ese momento. Pero también por cómo se mostró con esa fortaleza, serenidad y capacidad para manejar ese momento cuando yo me estaba quebrando. Fue algo que no pienso olvidar

 

Redacción

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