Desoladoras imágenes de una familia cuya madre murió de cáncer

Carolynne St. Pierre, enfermera de maternidad, supo que iba a morir a sus 40 años de edad. Le diagnosticaron con un extraño cáncer de hígado. Y desde entonces, supo que querría abandonar este mundo rodeada del amor de su familia.

Ella fue capaz de preservar su amor y vida a fin de acompañar a sus tres hijxs y su marido. A lo largo de este periodo, el fotógrafo Preston Gannaway, ganador del premio Pulitzer por el proyecto, documentó a la familia en 2006. Gracias a este proceso, la enfermedad comenzó a balancear la vida de la familia en función de la resiliencia.



Gannaway capturó momentos mundanos e intensos que permitirían no sólo unir a la familia con amor, también a reafirmar el valor de la vida como un proceso de resiliencia y alegría (a pesar del dolor).

La muerte de St. Pierre en 2007, a sus 44 años, permite conscientizar sobre el desgarrador dolor de la pérdida de un ser amado, de una madre, de una pareja. Y que, a pesar de ello, el ser humano está conformado por recursos que permiten la unión, el amor y el bienestar.

El proceso de duelo es uno de los más dolorosos que cada individuo puede experimentar ante la pérdida de un ser amado, un trabajo, un estilo de vida, etcétera. Este cambio brusco requiere de un esfuerzo extra a nivel emocional, físico y energético, el cual usaremos como vía de supervivencia hasta que nos adaptemos a la nueva etapa de la vida.   

Los primeros días, la agonía puede superar los límites de nuestra piel. Existir puede ser inclusive excesivamente agotante, por tanto economizamos nuestra energía restante en dormir o en llenar nuestra agenda de múltiples actividades. El objetivo es olvidarnos de nuestra presencia, de nuestro dolor.

Con el paso de los días, el dolor empieza a aminorar. La angustia de estar sin esa persona, sin ese ideal o sin ese estilo de vida, parece difuminarse con el día a día. Recordamos el placer de las sensaciones a través de la comida, la música, los rayos del sol o de un baño caliente, una imagen cautivadora, la autosuficiencia del ejercicio, entre otros. Entonces, volvemos a respirar. Regresamos a ser nosotrxs mismxs.

Este proceso de duelo, tan temido por el dolor que causa, es importante que lo sintamos y procuremos resolver. A veces necesitamos la ayuda de un profesional de la salud emocional (unx psicólogx) o de la salud neurológica (unx psiquiatra). Mientras tanto, recuerda que la capacidad de pedir ayuda para reaprender a sentirse bien (homeostasis) es parte de esta guía intrínseca para una trascendencia personal.