Con esta ecuación matemática conocerás a tu alma gemela

“Esta es la historia de un amor como no hay otro igual, que me hizo comprender todo el bien, todo el mal.”, exclama la canción de Carlos Eleta Almarán (Dartañan). Basta con escucharla para que nos albergue una ligera sensación de nostalgia por ese gran amor que nos hizo, en su momento, suspirar. A todxs nos ha tocado vivir esa historia de amor.

Sin embargo, ¿qué define que esta historia sea exitosa o esté destinada al fracaso? Existen múltiples teorías al respecto; como por ejemplo, la teoría psicológica del apego. En ella se explica que la relación entre la figura primaria (la que brindó los primeros cuidados, atenciones y amor) y el infante será el eje que influirá en las relaciones interpersonales de un futuro (en especial, en la elección de la pareja). Está también una que pretende ser más precisa (aunque menos humanista), ya que pretende analizar las relaciones interpersonales desde las funciones matemáticas.

Inclusive, en caso que desees darle un toque científico a la explicación del amor, el libro de Hannah Fry, Las matemáticas del amor: patrones, pruebas y la investigación de la ecuación final, con ilustraciones de Christine Rösch, explica los métodos científicos para encontrar a tu alma gemela en un bar o los patrones de conversación para las relaciones duraderas. Hasta cierto punto, el desamor se acabó con comprender siquiera un poco de la fuerza matemática:

Se trata de encontrar el balance entre tener paciencia a esperar por la persona indicada y moverte adecuadamente antes de que todxs lxs buenxs se ocupen. Por supuesto, muchas de las personas con mente matemática han aplicado su conocimiento en el área de las matemáticas como “una teoría óptima de pausa” para derivar la ecuación actual que dice cuál es tu potencial de rechazo de pareja antes de encontrar a la pareja perfecta, y eso ayuda a discernir cuándo es el tiempo para dejar de estar buscando y asentarse con esta persona (P).

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[…] A lo largo de tu vida tienes la más alta probabilidad de encontrar a “Ese único” en cuanto rechaces a todos tus primeros cuatro amores (donde habrás encontrado en ellos el 39.87 del tiempo. Si estás destinado a destinar a 20 personas, deberás rechazar entonces a los primeros ocho (donde el Sr. o Sra. Correcto habrá esperado por ti su 38.42 por ciento del tiempo). Y, si tú estás destinado a salir con un número infinito de parejas, entonces deberás rechazar al primer 37 por ciento, dándote la oportunidad de uno sobre tres para salir exitoso.

[…] Supongamos que empiezas a tener citas desde que tienes 15 años, sería ideal que te asentaras a la edad de 40 años. El primer 37 por ciento de tu abanico de citas (justo después de tus 24 años) tendría que ser rechazado; usa este tiempo para sentirte a gusto en el mercado y una expectativa realista de lo que deseas y esperas de una vida de pareja. Una vez que esta fase de rechazo pasó, escoge a la persona que viene después, la cual es mejor que los demás que has conocido antes. Siguiendo esta estrategia te dará la mejor posibilidad para encontrar a la pareja ideal de tu lista imaginaria.

De acuerdo con la autora, la prueba básica para comprobar esta ecuación es salir en citas durante tres meses. Rechaza a todos el primer mes, luego escoge a la siguiente “camada” y verás que esa será tu favorita. Esta dinámica también se puede aplicar a la hora de buscar candidatos para algún empleo. De hecho, la selección de personal es el área que más aplica esta teoría y su fórmula.

El éxito de esta fórmula puede explicarse a través de un elemento que la misma fórmula ignora: la experiencia humana. Es esta misma la que permitirá diferenciar la realidad de la pareja ideal, y a partir de entonces hacer prueba y error hasta encontrar esa persona especial “a nuestra medida”.

Sin embargo, debemos comentar que esta fórmula, científicamente muy certera, le quita de humanismo al amor y a las relaciones interpersonales. Esta racionalización del amor está negando el placer de ser humano; aunque, por supuesto, es ahorradora de tiempo.

Redacción

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