Estos son los tipos de apego que influirán en el éxito de tu bebé, ¿cuál estás reflejando?

¿Cuántas veces no nos hemos angustiado por los errores que una comete a la hora de criar a nuestrxs hijxs? ¿Cuántas veces no hemos deseado tener un manual que nos diga cómo comportarnos ante los eventos de crisis, tales como los berrinches, los llantos interminables, las pláticas indispensables? ¿Cuántas veces no hemos pensado que nadie nos enseña sobre cómo ser madres, y aún así debemos aparentar saberlo todo?

Estas dudas, seguidas de pruebas y errores, pueden alterar la dinámica familiar a lo largo de los años de la crianza. E inclusive, hasta la misma personalidad del bebé. Esto se debe a que, de acuerdo con la investigación de John Bowlby, la manera en que la figura materna se relaciona con su bebé será un reflejo de las expectativas vivenciales que tendrá este último durante su crecimiento. Esto se le llamó apego.



El apego es el vínculo emocional que desarrolla el bebé con sus cuidadores, y que le proporciona cierta seguridad emocional para un desarrollo saludable de la personalidad. Su hallazgo comenzó en la década de los 50, cuando Konrad Lorenz (1903-1989) observaba el comportamiento de las aves y cómo podían desarrollar un fuerte vínculo con la madre sin que un alimento estuviera de por medio. Eventualmente, Harry Harlow (1905-1981) realizó experimentos con monos descubriendo la necesidad universal de contacto físico. Fue así que se construyó, poco a poco, la Teoría del apego de John Bowlby.

Con el paso del tiempo, la colaboradora de Bowlby, Mary Ainsworth (1913-1999), encontró información valiosa sobre las diferencias de la calidad de la interacción entre madre e hijx, y en la influencia longitudinal de la formación del apego. Ella encontró diferentes estilos de apego, los cuales no dependen de la perfección de la madre.

El primer estilo de apego que encontró fue el “apego seguro”, el cual se lleva a cabo a través de una danza en sintonía entre madre-infante donde se desarrolla un lenguaje simbólico y afectivo entre los dos. Ahí, la presencia tanto de la madre como del hijo es reconocida, predecible, “atinada”, congruente. Ahí, la presencia de ese otro se convierte en una asociación de sensaciones positivas que van construyendo emociones (placenteras y displacenteras). Ahí, la presencia de una madre disponible a decodificar y a satisfacer las necesidades del bebé de una manera congruente y predecible, entra en el juego de desarrollar habilidades de fallar y reparar el daño. Ahí, sólo se necesita de un 30 por ciento de aciertos en la decodificación y satisfacción de las necesidades del bebé; lo importante es la habilidad de reparar ante la imperfección, de reconocer un error y aprender del mismo. Ese vínculo seguro le permite al niño saber “que su figura de apego es accesible y sensible a sus demandas, [dándoles] un fuerte y penetrante sentimiento de seguridad, y la alimenta a valorar y continuar la relación” (John Bowlby).

Desgraciadamente, existen eventos que imposibilitan una relación “segura” entre madre e hijx; como por ejemplo, depresión postparto, estancia prolongada en incubadora, un duelo reciente, trauma agudo o crónico, entre otros. Los cuales provocarán que el vínculo madre-hijo se altere convirtiéndose en apegos inseguros, inestables, evitantes, desorganizados…

El primer tipo de apego inestable es el ansioso-ambivalente, en el cual la figura materna (papá, mamá, tutor) no puede encontrarse en sintonía con la necesidad del bebé (y en consecuencia, no puede satisfacerla). Un ejemplo es cuando una madre, por diversas razones, impone sus necesidades sobre las de un bebé recién nacido, y ella no hace un esfuerzo por reparar el daño. Esto generará que el bebé asocie la presencia del otro (simbólico) con angustia al no saber si sus necesidades serán satisfechas. Y dado que no hay intentos de reparación porque la figura materna no sabe que ha fallado, la angustia y ansiedad del infante aumenta, obligando al bebé a adaptarse “al servicio” del otro a través de la duda y la incertidumbre. En un futuro, los bebés que vivieron con este tipo de apego durante su infancia, tenderán a vivir en medio de la incertidumbre y la duda: “¿seré lo suficientemente bueno para…?”, “¿me estará engañando?”, “¿si dejo de estar al servicio de sus necesidades, me dejará?”, etcétera.

El segundo tipo de apego es el evitante, el cual es definido como aquel donde los llamados del bebé fueron casi por completo olvidados. Por ejemplo, cuando el bebé está pidiendo atención y las figuras primarias (papá, mamá, tutor) se encuentran ocupados en trabajando o pasando su tiempo en gadgets móviles. En consecuencia, los bebés no pueden asociar al otro como un recurso para la satisfacción de sus propias necesidades (ni las del otro). Por lo que se ven en la necesidad de ser autosuficientes, dado que asociaron que “no tiene sentido el pedir algo alguien ya que no habrá quién responsa a ese llamado”. Este tipo de apego fomentará a personas sin expectativas vinculares, se comprometerán a nivel racional (y no emocional), considerarán a las emociones como complejas e indeseables, manejarán su enojo por medio de la retirada, el silencio o razonamientos exageradamente lógicos, podrán ser duros, independientes y hasta autoritarios.

El tercer tipo de apego es el desorganizado, al cual se le llamó, al principio, como El dilema sin solución (Mary Main) o también como El miedo sin escape (Bruce Perry). Se trata de un vínculo donde la figura primaria (papá, mamá, tutor) provee tanto “seguridad” como amenazas al mismo tiempo; por lo que se asocia la presencia de otra persona con terror y cuidado. El único recurso que tiene un bebé ante esas circunstancias es acercarse y huir al mismo tiempo. Esto provocará que la representación mental del infante se distorsione, dando vida a creencias como “soy malx”, “me van a abandonar si no hago lo que la otra persona quiere”, “me pega porque me quiere”, “nadie me puede querer”, “es lo que me tocó vivir…”, entre otros. Sólo deja el sabor de la incertidumbre en cada momento de la vida.

El apego supone ser la herramienta más importante que necesitamos transmitirle a nuestrxs hijxs, ya que será la puerta a su éxito profesional, su felicidad emocional y una estabilidad placentera con sus relaciones interpersonales. Independientemente de la situación socioeconómica o profesional, al darle importancia a ese click emocional con nuestrx bebé, a pesar de las veces que fallemos, se establecerá un vínculo donde tanto figura materna (papá, mamá, tutor) como hijx lograrán hacer una danza única y trascendental.

María José CA

Twitter de la autora: @deixismj