Te sorprenderá lo que este padre hace para inmortalizar los dibujos de su hijo

Se cree que la palabra tatuaje viene del samoano tátau que significa marcar o pegar dos veces. Este arte que se practica sobre el cuerpo, es tan antiguo como la historia de la Humanidad. Han sido distintos los vestigios que nos dan una idea que, a lo largo del tiempo, el valor y el contexto en el que se practicaban ha cambiado.

En el antiguo Egipto, por ejemplo, eran principalmente las mujeres las que se tatuaban; para ellos, el tatuaje tenía funciones mágicas y sanadoras. Otro caso es la cultura de la Polinesia, en el que el uso ritual del tatuaje se ve en todos los miembros de su sociedad, pues comienzan desde temprana edad a tatuar a los niños repitiéndose a lo largo de su vida. Ahí, cuanto más tatuado estuviera el individuo, más jerarquía social lograba; es decir, más reconocimiento tenía de las personas que lo rodeaban.



Sin embargo, por distintas vicisitudes que tienen que ver con la circunstancia en la que se hacían los tatuajes, esta práctica se relacionó con los perseguidos; con los ladrones que iban a parar a la cárcel (en los campos de concentración nazis se tatuaba a los prisioneros); con los marinos del occidente, quienes introdujeron el tatuaje en sus comunidades luego de regresar a sus casas; con la vida aventurera y disoluta. Hasta que, por fin, se levantó un estigma sobre esta práctica.

Con el tiempo esta percepción ha cambiado: se abrieron convenciones nacionales, reconocimientos a los mejores tatuadores, entre otras características positivas de esta industria. Actualmente la gente cuida, por otro lado, lo que va a tatuarse; las estrellas de Hollywood lucen sus diseños con gran orgullo, y hay toda una nueva camada de entusiastas que los lucen de acuerdo a las nuevas tendencias y modas.

Un ejemplo particular es Keinth Anderson, un padre singular que vive en Peterbrough, Ontario (Canadá). Desde hace 7 años, él ha dado una nueva significación a esta práctica pues se ha tatuado los dibujos que le han gustado de su hijo. Puede ser admirable pues el hombre considera que lo que pone en su cuerpo son obras de arte, las cuales no podrá borrar de su piel. Hasta cierto punto, los tatuajes le permiten afianzar la relación que tiene con su pequeño pues lo estimula a seguir dibujando.

Anderson considera que Kai, su hijo, tiene un gran talento. Por lo que, al tatuarse su talento es símbolo del vínculo, dejando testimonio de sus primero trazos. Además, cada vez que Anderson va a tatuarse uno de los diseños que el pequeño realiza, Kai acompaña a su padre, siendo testigo del este evento trascendental.

La función de estrechar los lazos familiares y comunicación entre padre e hijo, formando una relación empoderada que producirá un vínculo seguro. 

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