¿Es esta la posición sexual más peligrosa para los genitales masculinos?

 

Nuestra educación se ha enfocado en brindarnos los recursos necesarios para el éxito profesional, por lo que buscamos las alternativas para crecer a través de estudios, especializaciones, empleos y pasiones. Sin embargo, cuando se trata de un desarrollo en relación con nuestra persona y con nuestra sexualidad (a nivel intra e interpersonal), simplemente nos bloqueamos.



¿Qué pasaría si tomáramos cursos o especialidades para aprender a vivir en pareja; a cuidar a niñxs, a cómo hacer el amor o tener sexo (y gozarlo sin pena ni culpa); a reducir la ansiedad, la tristeza y el estrés; a optimizar la atención en el presente; a escuchar a nuestro inconsciente y vivir con base en nuestros sueños?

Si nuestra felicidad es igual de importante que nuestro éxito profesional, ¿por qué entonces no nos procuramos el cuidado necesario para vivirla al máximo? En especial cuando nuestros paradigmas afectan, a la larga, nuestro desempeño personal; en especial, en el sexual.

Una educación emocional enfatizada en el erotismo es impensable. A menos que sea a susurros entre lxs amigxs, a oscuras mientras se excita con pornografía exagerada e inhumana, a libros con tecnicismos que, probablemente, unx no entiende. Y por ende, nuestra sexualidad se ve gravemente afectada sin saberlo.

Al vivir en una sociedad patriarcal, donde la excitación se obsesiona con los genitales de cada humano, uno tiende a olvidarse lo que es realmente disfrutar del erotismo y la sexualidad: adiós a la comunicación con la pareja, a la distinción entre placer e incomodidad, al  autoconocimiento. Y en consecuencia, hombres y mujeres, sin distinción de su identificación ni orientación sexual, sufren graves trastornos como enfermedades derivados de esta situación.

Desde trastornos psicosomáticos (enfermedades orgánicas con un origen emocional o cognitivo) hasta heridas o daños que se obtuvieron durante el encuentro sexual, son sólo algunos de los ejemplos de las consecuencias derivadas de esta negligencia hacia la sexualidad. Y por consiguiente, investigadores de Brasil afirman que la posición sexual, donde la mujer se encuentra arriba, es la responsable de incontables ocasiones en que las parejas sufrieron fractura de pene. 

Los científicos consideran que esto sucede dado que la mujer controla el pene con el peso completo de su cuerpo, cayendo encima de él, lo que hace posible una ‘penetración mala’. Aunque el daño es menor e indoloro para ella, el daño es superior para el pene.

Además, los mismos científicos afirman que la posición más segura es la del misionero, ya que “cuando el hombre está controlando el movimiento, tiene mayor probabilidad de parar la energía de la penetración en respuesta al posible daño del pene”.

Sin embargo, es importante considerar que este estudio se establece en un paradigma donde se castiga a las personas (principalmente a las mujeres) que la practican por placer, bloqueando así todas las sensaciones positivas que un cuerpo puede ser testigo. Así, ante esta ignorancia de sensaciones y de conocimiento acerca de la sexualidad, sucede este tipo de estragos. ¿La solución? Investigar en fuentes con base en la equidad, gozar de las sensaciones y del presente, a autodescubrirse y entablar una comunicación de confianza tanto con unx mismx como con la pareja. Y, principalmente, gozar.

María José CA

Twitter de la autora: @deixismj