Por qué es bueno establecerse con alguien de tu edad

Hablar de relaciones de pareja no es menester sencillo. Siempre aparecen ejemplos y contraejemplos que impiden establecer una teoría concreta acerca de cómo cada relación amorosa debería ser eventualmente. Por lo que, al hacer recuento de cómo han sido nuestras relaciones pasadas, nos damos cuenta que cada una ha sido diferente y ha traído aprendizajes (o infortunios) variados. Esto es debido a que la riqueza de los diferentes tipos de relaciones se ve influenciada por la vasta diversidad en orientación sexual, gustos, creencias, ubicación temporal y geográfica, situación socioeconómica, personalidades, etcétera.

Es decir que, aquello que a una persona experimentó en determinada época de su vida, no funciona forzosamente en una diferente etapa de su desarrollo ni en otra persona. Por consiguiente es importante estar en constante ejercicio de introspección para comprender así un futuro en pareja conforme a los objetivos de uno.



Desde el inicio de la relación existen predictores que influyen en la personalidad y éxito de la misma. Desde el objetivo de vida de cada miembro hasta la manera de usar sus respectivos recursos ante situaciones críticas. E inclusive, la diferencia de edades.

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De acuerdo con un estudio de la Universidad Emory, donde se analizaron 3 000 personas casadas y divorciadas, la diferencia de edades es un posible predictor de divorcio: mientras que las parejas con un año de diferencia tienen un tres por ciento de probabilidad de divorciarse (en comparación a sus coetáneos de edades iguales), las parejas con cinco años de diferencia cuentan con un 18 por ciento de probabilidad de separación; y con diez años de diferencia, un 39 por ciento… Ya para qué continuamos con 20 años de diferencia…

No obstante, como se mencionó anteriormente, estos no son predictores fijos del fracaso de una relación. Sino de una posible influencia en relación con la introspección, la comunicación, la personalidad de la relación, la flexibilidad, el respeto y el vínculo afectivo.

Fotografía principal: The Atlantic