¿Conoces las diferencias entre la euforia y la felicidad?

Usualmente consideramos a la felicidad como un estado de ánimo que concilia risas y excitabilidad. La describimos como un flujo energético, similar a la adrenalina, que recorre ostentosamente el cuerpo. Sabemos que se siente placentero, por lo que recurrimos de manera constante a estímulos externos para vivirlo una y otra vez. Inclusive, cuando traemos a la mente alguna imagen de la felicidad, vemos a un grupo de personas riendo y pasando un buen rato. Sin embargo, ¿si la felicidad no fuera como la imaginábamos?

Ese estado anteriormente descrito se le llama excitación/euforia, el cual activa al sistema nervioso de recompensa encargado de liberar endorfinas y serotonina. A diferencia de la felicidad, la excitación se genera a través de estímulos externos, tales como bebidas, sustancias, alimentos, las compras, una rigurosa actividad física, ganar un campeonato, etcétera. Por lo que, al asociar el estado de excitación (erróneamente tildado como “felicidad”) con estas actividades, entonces las realizamos con más asiduidad.

Sin embargo, una excitación intensa y reiterada genera que otras emociones se perciban aún más profundas y potentes (aún las dolorosas, como la pérdida). E inclusive, de acuerdo con algunos estudios, se ha comprobado que este tipo de excitación puede producir cambios cognitivos y conductuales en la persona: desde la ausencia de la creatividad hasta de la toma de decisiones de una manera sabia. Cuando estamos excitados, tendemos a decidir y a actuar impulsivamente, sin prestar atención a los detalles. Esto sucede ya que deseamos mantener la línea de ese placer, sin que nada (ni nadie) interfiera con este estado de euforia; y por ende dejamos de prestar atención a aquello que requiere el doble de atención, como el lenguaje corporal de otras personas. 

Esto no quiere decir que la euforia sea un aspecto negativo de la vida, ni mucho menos que no debamos sentirla. Sino que, al igual que la tristeza, el miedo, el enojo y la felicidad, son pasajeras y parte de la vida. Por lo que al aprender a estar conscientes de sus sensaciones para así comprender que cada una forma parte de una totalidad y de un aprendizaje vital. Sólo así empezamos a crear la felicidad (y no a perseguirla).

Fotografía principal: Manglaresdorados

 

Redacción

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