¿Por qué les cuesta trabajo a los adultos aprender algún idioma?

En muchas ocasiones, la infancia fue un momento de la vida que, privilegiadamente, se vivió alegre y sencillamente. Durante este tiempo, se fue capaz de aprender recursos tanto cognitivos como emocionales que facilitarían las siguientes etapas de la vida. Esto es debido a la neuroplasticidad neuronal que, conforme adquirimos cierto conocimiento, forman nuevas conexiones neuronales, facilitando el proceso de aprendizaje. En especial si apenas se está formando la psique de un individuo.

Es decir que la mente de un niño es como un pizarrón nuevo: es pulcro, blanco y sin rayaduras. Conforme se va desarrollando, el pizarrón va adquiriendo marcas y tachaduras; y aunque se borre lo escrito (las conexiones), ya hubo una marca que ocupó la tinta sobre la superficie de la blancura del pizarrón. De modo que, conforme más conocimiento, más experiencia se adquiere y, por consiguiente, más usado se ve el pizarrón.



Prácticamente somos unos “genios” cuando estamos en esta etapa de la vida: la flexibilidad neuronal permite desarrollar la creatividad y agilizar el aprendizaje, entre otras funciones cognitivas. Por esta razón los adultos requieren de más tiempo en sus procesos de aprendizaje. Un ejemplo claro son los idiomas.

Una de las teorías que explican este fenómeno es que los patrones sintáxicos asociados a la lengua materna, interfieren con la habilidad de aprender nuevas estructuras (en especial si son diferentes a la primera).

Otra de las teorías se relaciona con la existencia de dos sistemas de aprendizaje, los cuales funcionan con sus propios hardwares neuronales: el primero, el sistema reflectivo, es aquel que recolecta todo el conocimiento en la conciencia que puede verbalizarse; y el sistema reflexivo es el que ayuda a la fusión del aprendizaje a través de la experiencia fisiológica, la intuición y la prueba-error. Conforme se crece, el sistema reflectivo se encarga de adquirir información más compleja, aprendiendo a verbalizar las experiencias primitivas del sistema reflexivo. Por consiguiente, olvidamos la intuición y la experiencia fisiológica, para darle predominancia a la lógica y el conocimiento racional.

De modo que, los adultos tienen más dificultades en el proceso del aprendizaje de un nuevo idioma por la predominancia del sistema reflectivo. En otras palabras, por la necesidad de sobrepensar las estructuras.