La educación más allá de las palabras: ¿cuáles son las emociones que inconscientemente transmites a tus hijos?

Al pensar en la palabra educación, usualmente nos viene a la mente la imagen de una escuela con grupos de alumnos y profesores. Sin embargo, esta noción dista de la indispensable para el desarrollo integral de los niños. ¿Entonces a qué se refiere la palabra “educación”?

Del latín educatĭo, la palabra “educación” se refiere a la crianza, enseñanza y doctrina que se da tanto a niños como a jóvenes (RAE, 2014). Y ésta puede caracterizarse por ser formal e informal: la primera es aquella impuesta dentro de una doctrina escolar, y la segunda es la transmitida por acciones o dichos culturales y se enfoca en valores intra e interpersonales.



Es común encontrar que en las familias exista cierta predominancia en la educación formal, como si fuera la única responsable del éxito personal y profesional de un individuo. Y en consecuencia dejan a un lado la influencia significativa que implica la educación informal con respecto a la estructuración de la personalidad de nuestros hijos: el modo de relacionarse entre los mismos padres, entre los padres y los hijos, o entre la familia y los demás; la importancia dada a los estudios o a la cercanía familiar; la confianza y seguridad hacia el mundo y hacia sí mismo; etcétera.

Dado que los niños apenas están integrando las nociones acerca de lo “correcto”, “incorrecto”, “saludable”, “insalubre”, “bueno” o “malo”, ellos absorben cada actitud que los adultos realizan, dándoles un significado propio a lo que observan. En especial si son de adultos significativos para ellos: papá, mamá, abuelo, abuela, hermano, hermana, maestrx. Cada uno de estos personajes fungen el rol de figura de autoridad que se encarga de procurarlos, amarlos y regularlos ante algún estímulo de estrés.

Por consiguiente, un padre/madre biólogicx se diferencia de esta figura madre/padre que cada individuo necesita. Es decir que cada individuo tiene un padre/madre que brindaron el óvulo y el espermatozoide, engendrando así a un nuevo ser vivo. Y, por el otro lado, están las figuras paternales que se enfocan en dar imágenes de confianza, seguridad, afecto, de error y responsabilidad. Son ellas las que nos enseñan, consciente e inconscientemente, los diferentes desarrollos de las relaciones, deseos, sueños, proyectos, ideales, entre otros.

A través de la satisfacción de las necesidades básicas y el cumplimiento de los derechos humanos, las figuras parentales brindan la imagen del cuidado primario del cuerpo; el deseo de un bienestar físico. Un ejemplo básico es la normalización de un horario de comidas, de sueño, de atención corporal, etcétera. Estas nociones son las que influirán en la futura salud física de los hijxs. Asimismo, a través de la comunicación y el trato diario de los padres entre sí y con los demás, las figuras parentales generan una representación casi simbólica de cómo las personas se relacionan entre sí para resolver conflictos, hacer muestras de emociones y afectos. 

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Esto es una figura paternal, aquella que simboliza el cuidado que cada ser vivo merece para vivir (y no sólo sobrevivir). Porque un padre/madre biológicx es diferente a aquella que nos demuestra ser merecedores de una felicidad. Ya que un bebé requiere de la conectividad emocional con esa figura parental, más allá de sólo la satisfacción de necesidades fisiológicas. De lo contrario, es difícil que pueda desarrollar al máximo sus habilidades emocionales hacia con los otros y, más importante, hacia sí mismo. Por ejemplo, cuidar a los niños mirando un teléfono móvil, ya que ¿cuál es la conexión emocional con los retoños? Ninguna.

En consecuencia, nuestro actuar diario ejercerá una influencia significativa en la formación de personalidad de aquellos niños a nuestro cargo. Inclusive desde el embarazo. Y esto es la educación informal que, indudablemente, va potencializar en la formación de las habilidades sociales, emocionales y cognitivas; de lo contrario, el/la niñx se enfrentará a situaciones de violencia (física, emocional, negligencia o sexual), que le impedirán su crecimiento integral. Basta la presencia de sólo una figura parental amorosa para salvar al niñx de la sensación de no ser merecedores de amor, del éxito, de la felicidad. Y tú, ¿cuáles son las emociones que le transmites a tu hijx?

María José CA

Twitter de la autora: @deixismj