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En Islandia el nombre del recién nacido lo pone un pariente muerto

Sin duda bautizar a un recién nacido puede ser uno de los dilemas más arduos en torno a la llegada de un nuevo integrante de la familia, una decisión que transita por varias alternativas: el legado familiar, el calendario, el bagaje cultural de los padres, entre muchas otras opciones. En Islandia, sin embargo, el asunto es un tanto más místico, pues existe la creencia de que un difunto puede visitar en sueños a los vivos para manifestar su deseo de que un niño en camino lleve su nombre. De acuerdo con Adrienne Heijnen, investigadora académica del folclor islandés, una persona puede soñar con alguna otra que ya ha muerto y escuchar cómo esta pide al soñante tener en el recién nacido un tocayo. A esta creencia se le conoce como aðvitja nafns. Por otra parte un estudio del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad de Islandia reveló que al menos un 10% de la población en Islandia ha experimentado y cumplido con esta aðvitja nafns, además de que un 75% cree que es totalmente posible. Es curioso además que el difunto soñado, aunque casi siempre es un pariente cercano, puede ser también un amigo, un vecino o, dicen algunos islandeses, incluso navegantes muertos en un naufragio, además de entidades sobrenaturales denominadas Huldufólk o alfar, seres ocultos que viven en colinas y montañas. Asimismo, si alguien decide ignorar el sueño, es probable que el soñado se agravie y tome algún tipo de represalia contra el niño o la niña neonatos. Pero, claro, esto no es sino una tradición anclada en el enorme valor que tienen los sueños en la cultura de Islandia. Y una forma tan válida como cualquier otra de elegir el nombre para un recién nacido.  

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