Amargo, dulce y salado: explorar sabores, la clave para balancear nuestra alimentación

La lengua es un músculo único. La mejor manera de ejercitarla es expandir nuestro repertorio de alimentos explorando nuevos placeres culinarios,  es el primer paso hacia una alimentación más amplia y una dieta más saludable.



Numerosos estudios han demostrado que el consumo de alimentos muy dulces pueden alterar nuestra química cerebral, cambiando la forma en que nuestro cerebro responde a los alimentos en el futuro.

Éstos son algunos consejos para ejercitar el paladar:

1. Comer alimentos amargos. Si bien todos nacemos con una ligera aversión a la amargura, nuestros niveles de sensibilidad son muy variados; sólo el 8% de las calorías que consumimos son amargas. Sin embargo, los compuestos que hacen que los alimentos sean amargos (carotenoides, flavonoides y polifenoles) son justamente los que los hacen buenos para nuestra salud.

2. Probar algo nuevo. En un restaurante, pedir algo que nunca cocinaría en casa. En lugar de retroceder ante el olor de algo extraño y penetrante, dese la oportunidad de conocerlo mejor.

4. Apostarle a alimentos étnicos y locales. No hay nada más agradable que el uso de los sabores desconocidos de la comida étnica que agudizará sus papilas gustativas y olfativas.

Recuerde que los buenos sabores comienzan con los buenos ingredientes, estos proporcionan texturas variadas y son la columna vertebral  de los sabores básicos (dulce, agrio, amargo y salado) junto con otros compuestos aromáticos que le dan belleza.