¡La adolescencia, nuestra segunda oportunidad!

Hablar de adolescencia es hablar al mismo tiempo de crisis y de cambios, es un periodo nuevo donde surgen muchos miedos y ansiedades tanto en los adultos como en los jóvenes: el mundo que hasta ese entonces era conocido, empieza a cambiar.



El adolescente siente, sufre y está expuesto a situaciones que no entiende; su mente muchas veces está turbada porque no sabe cómo manejar lo que pasa en su cuerpo, sus emociones y su sexualidad.

Si el adolescente está en crisis también lo está su familia, porque esa desorientación mucha veces no solamente es del joven, sino de los padres que no sabemos cómo orientarlos, contenerlos y ponerles limites. Esto puede ser a causa de cómo hayamos nosotros vivido nuestra propia adolescencia, o porque la sociedad es cada vez más permisiva y es mayor su urgencia por acelerar los procesos.

Es un periodo de la vida en el que la confusión es el aspecto dominante, se inician nuevas relaciones con los padres y también con los amigos. El adolescente vive un duelo porque ya no es niño, la niñez ya ha dejado paso para otra cosa. Hay una nueva persona que está surgiendo, es una muerte que radica en el abandono de un mundo infantil, para entrar en un mundo nuevo que al mismo tiempo es incierto y desconocido, anhelado y temido.

Y es a partir de esa crisis que vive el adolescente que la naturaleza nos abre una segunda oportunidad para reencontrarnos con ellos y restablecer relaciones donde encuentren la seguridad y el apoyo que necesitan para caminar en esta nueva etapa de su vida.

Es un periodo de transición extrema donde la perspectiva del mundo para el joven cambia radical y repentinamente. Sus inquietudes y sus anhelos se ven profundamente influenciados por la necesidad que van sintiendo de ser aceptados ya no solamente por su familia sino por los amigos. La necesidad de pertenecer se impone sobre otros intereses y valores.

La orientación a los amigos empieza a cobrar una gran importancia y representa para ellos una gran fuente de angustias y ansiedades, entran en un periodo de  turbulencia emocional ya que todos sus compañeros van sintiendo lo mismo y la inseguridad de unos arrastra la inseguridad de los otros.

Si bien es cierto las etapas en las vidas de nuestros hijos son importantes, no podemos negar que hoy más que nunca, en la adolescencia ellos nos necesitan más cerca de ellos. Necesitan un padre o un adulto a su lado que sepa cómo guiarlos y darles seguridad en un mundo tan incierto para ellos, tener una base segura, un lugar donde puedan ser ellos mismos y no se sientan amenazados o exigidos sino acompañados y amados incondicionalmente por el solo hecho de ser.

Y es desde este lugar que tenemos que mirar a nuestros hijos en la necesidad que tienen de nosotros, nuestro apoyo y asumir ese proceso, ese viaje de crecimiento mutuo.

Lorena Martínez de Gímez (Instituto de Paternidad Responsable)