Campañas anti-obesidad: la fina línea entre educar y estigmatizar

Investigadores de Yale encuestaron a una muestra representativa de estadounidenses sobre los anuncios de video anti-obesidad. Les preguntaron qué tan informativos, motivantes o creíbles parecían los slogans, o bien qué tan confusos, ofensivos o inapropiados.



Encontraron que el público prefiere los mensajes positivos, los que promueven acciones específicas, como comer frutas y verduras todos los días o realizar ejercicio. Además, los más motivantes fueron aquellos que no mencionaban la obesidad en ningún momento. Por ejemplo, el favorito fue el de la primera dama, Michelle Obama, “Let’s Move” y “Muévete todos los días”.

Por otro lado, causaron rechazo los anuncios que culpaban a los padres por la obesidad de sus hijos, los que atacaban directamente a la obesidad de los niños, o incluso mensajes ambiguos como: “You have the strength to take control of your health” (tú tienes la fuerza para tomar control de tu salud) o “It’s not a diet, it’s a lifestyle” (no es una dieta, es un estilo de vida), que anuncian que hay que cambiar los hábitos, pero no dice cuáles ni cómo.

Rebecca Puhl, la líder del proyecto, dice que a pesar de todo el dinero que se invierte en estas campañas, no se ha investigado la efectividad o el daño de los mensajes: “considerable evidencia ha demostrado que los individuos que se sienten tachados con respecto al sobrepeso consumen más calorías, adoptan malos hábitos alimenticios, y evitan hacer ejercicio”. Además, otros estudios han revelado que exponer a la gente a imágenes ofensivas empeora su actitud contra las personas obesas.

El truco está en encontrar una forma de mandar mensajes anti-obesidad sin el lado anti-obesos.