Los niños también tienen derecho a estar tristes de vez en cuando

Cuando la tristeza nos envuelve, tendemos a sentir cierto dolor en el pecho, en el estómago o en la garganta, nuestras manos se enfrían y somos víctimas de una eterna somnolencia. Cuando estamos tristes, sabemos que estamos experimentando dolor, frustración o decepción. 

Deseamos desterrar estas emociones que sencillamente son feas, negativas e hirientes. Tratamos de superar la adversidad, para lidiar con la infelicidad y la decepción de un “trauma, tragedia, amenaza, fuentes de tensión significativa, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras” (APA, 2014). Durante ese proceso, nos esforzamos para adaptarse y superar los obstáculos que están afectándonos. Sólo de ese modo aprendemos a ser resilientes, a través de acciones, habilidades y pensamientos que desarrollamos con el tiempo y las experiencias. 

Sin embargo, en ese deseo de salvarnos de ese malestar, decidimos protegernos tanto a nosotros mismos como a nuestros seres queridos. En especial si son niñxs.

Lo hemos visto: cuando un niñx fracasa ante una situación, se siente triste, decepcionadx o frustradx. Y nosotros, sus cuidadores, nos sentimos culpables por no haberlos protegido como consideramos que debimos hacer. No obstante, en esos momentos, ellxs adquirirán las herramientas necesarias para desarrollar su resiliencia. 

El niñx puede reforzar su resiliencia a través del amor y apoyo de las figuras parentales. Son estos últimos los que proveen modelos a seguir, brindando estímulos de seguridad, fortaleza, confianza y realismo. Sólo de ese modo podrán ser capaces de regular sus impulsos y sentimientos, crear planes realistas así como destrezas en la comunicación y solución de problemas, desarrollar la confianza en sí mismos, entre otras habilidades. 

Para lograr que una persona sea resiliente, necesitamos desterrar la idea que la tristeza es un fracaso de vida. Realmente es a partir de esta sensación dolorosa que, si la sabemos canalizar, nos ayudará a ser felices y, de ese modo, trascender como humanos. Un gran filósofo dijo en alguna ocasión: “Lo que se hace por amor se hace siempre más allá del bien y del mal.” Nietzsche 

María José CA

Twitter de la autora: @deixismj

Imagen principal: theirhistory

Redacción

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