Científicos desarrollan drogas que ayudan a superar rupturas amorosas

Beate Ditzen y sus colegas en la Universidad de Zurich han demostrado que el aerosol nasal de oxitocina puede facilitar la comunicación de pareja y reducir considerablemente los niveles de estrés en medio de una discusión; conocida como la “hormona del amor” por el papel que juega en los vínculos de apego románticos y filiales, la oxitocina es uno de los elementos clave de una nueva generación de ”medicamentos para el amor” que, creas o no, son parte de casi una década de investigación farmacéutica que pretende pronto salir al mercado.



A primera vista, el amor puede parecer un prospecto inviable para la intervención farmacológica. El sentido común nos dice que las relaciones amorosas son cuestiones “del alma”, sentimientos y afectos que deben ser libres de retoques médicos.

Sin embargo, uno de los fundamentos de aquellos involucrados en este tipo de investigaciones, es que las relaciones modernas de pareja suelen ser muy complicadas, causan depresión severa y parecen ir destruyendo cada día más una de las instituciones más arraigadas de la sociedad: el matrimonio.

“Casi todas las culturas humanas apoyan la idea del matrimonio y lo ven como un sustento familiar y un fundamento emocional para los niños, aparte de considerarlo un ritual que puede dar a la vida otro tipo de significado. Pero el matrimonio es difícil, por situaciones bioquímicas que están fuera de nuestro control, ¿te imaginas poder regular eso con medicamentos?”,  dice Ditzen.

La propuesta de que con un pequeño coctel de medicamentos que nos ayude a aumentar el afecto por esa persona, batiendo de nuevo todo ese oleaje de sentimientos que nos atrajo los primeros años o bien tener la posibilidad de hacer un ajuste de ingeniería emocional y poner fin a una relación codependiente o abusiva reduciendo el apego a esa persona, suena a un ámbito exclusivo de la ficción, pero los estudios hechos en la materia desde el ámbito científico, promete hacerlo parte de su ámbito.

Los biólogos evolucionistas nos dicen que debemos el conjunto singular de sentimientos que llamamos “amor” a la selección natural, y que las estructuras neurales que conforman los lazos entre parejas están fuertemente seleccionadas para la reproducción del género; es por eso que nuestras relaciones parecen venir equipadas con un sistema reforzado de bioquímicos invisibles destinados a apoyarnos a través de las “pruebas” que debemos librar para tener descendencia.

“Pensamos en aquellos matrimonios en los que uno de los cónyuges sufre de depresión severa. Como cualquiera que haya estado en esa situación le puede decir que la depresión crónica en uno o ambos miembros de una relación, puede arrastrar todo abajo. Si nos dirigimos a la raíz del problema, el uso de fármacos antidepresivos podría hacer la diferencia para algunas parejas”, dice otro de los investigadores.

Los filósofos no dejan de cuestionar la parte ética de estas pretensiones: recurrir a las drogas para solucionar problemas y embotar los dolores propios de las relaciones humanas, promueve un tipo de sociedad deshumanizada que, paradójicamente, va en contra de todo el sistema de valores que promueves este tipo de “soluciones”; ¿acaso no son los mismos promotores de las campañas antidrogas, anticorrupción y antinarcotráfico?, ¿o bien aquellos que se encargan de reprobar el uso de las drogas bajo cualquier circunstancia porque embota los sentidos y daña nuestras mentes?. Todo ello aunado a cortar de tajo nuestra capacidad de respuesta ante las dificultades y vicisitudes mismas de la vida. ¿Tú qué opinas?

[The Atlantic]