Los caminos más aventurados para ir a la escuela

Hay personas que consideran que la escuela es un sistema académico que limita las visiones de los niños; otros, una obligación a cumplir para tener una vida plena y cargada de satisfacción. Ambas nociones, extremistas por cierto, forman parte de una simple interpretación de lo que “ir a la escuela” puede significar.

El término de “escuela”, aquel sistema académico encargado de inducir a la exploración, viene del latín schola, relacionándose con alguna actividad, que merece la pena hacerse, en un tiempo libre. En consecuencia, ir a la escuela no es sólo sentarse a escuchar las enseñanzas de la maestra o el profesor, sino también ocupar el tiempo en conocimiento y exploración. Inclusive, la escuela puede ir más allá de las cuatro paredes del salón de clases: en cursos extracurriculares, la calle, el parque, el hogar, experimentos de química en la cocina, la experimentación (y control) de las emociones, mantener una buena alimentación, etcétera.



Esto es la escuela: vivir a través de la exploración, el asombro y el aprendizaje. En especial si tienes que recorrer los caminos más peligrosos para llegar temprano a esta alma máter, a la madre nutricia, a la que alimenta de conocimientos. Así, ¿quién no amaría a su escuela?