7 alarmantes tendencias en la publicidad dirigida a los niños

La publicidad, como sabemos, bien, tiene en la manipulación uno de sus recursos predilectos y lamentablemente efectivos, sirviéndose de las expectativas y aspiraciones colectivas para conseguir que alguien haga algo, casi siempre comprar y consumir.



Esto, que es suficientemente alarmante en el caso de los adultos, cobra en el caso de los niños especial relevancia, pues sin duda su criterio, su experiencia y otros aspectos del juicio no se encuentran desarrollados con un grado que permita discriminar y, en su caso, aceptar o rechazar, o por lo menos darse cuenta de la intención que se encuentra detrás del mensaje.

A continuación compartimos 7 alarmantes tendencias de la publicidad contemporánea que, dirigidas específicamente a los niños y jóvenes, son capaces de afectar negativamente su desarrollo.

 

1. Bombardeo

A pesar de su edad, los niños y jóvenes son un mercado sumamente jugoso para empresas y compañías de diversos ámbitos. Por ejemplo, la de la comida chatarra, que no duda en utilizar personajes caricaturizados e infantilmente atractivos para ganar su atención, fortaleciendo sus campañas con una intensa actividad que fácilmente se puede considerar un bombardeo, por la cantidad de anuncios que circulan lo mismo en la televisión, que Internet, la vía pública y otros medios.

 

2. Son los anuncios, no la televisión, lo que hace obsesos a los niños

En años recientes se ha acusado a la televisión y el modo de vida sedentario que supuestamente induce, de incrementar los índices de obesidad entre la población infantil y juvenil. Sin embargo, la publicidad podría ser el verdadero factor detrás de este mal. Un estudio del Instituto de Medicina de Estados Unidos concluyó que, por ejemplo, la publicidad genera en los niños cierta inclinación o gusto por alimentos y bebidas de altos niveles calóricos y bajo contenido nutricional.

 

3. 5 kg más por año

Otro estudio comparó el aumento de peso en niños que veían programas de televisión que mezclaban anuncios comerciales sobre comida, contra programas en donde estos no aparecían. Según sus resultados, los niños del primer grupo tendían a consumir en su vida cotidiana hasta 50% más calorías mientras veían un programa de 30 minutos, en comparación con los niños del segundo grupo. A lo largo del año, esto provocaba que quienes estuvieran expuestos a anuncios publicitarios de comida aumentaran hasta 5 kg más de peso por año.

 

4. Los niños no distinguen entre contenidos publicitarios y de otro tipo

Como Borges dice de los niños y los sueños, que al parecer hasta cierta edad no se distinguen dela vigilia y una y otra se creen parte de una misma realidad sucesiva, así, aunque con mucha menos poesía, pasa con la publicidad, cuyos anuncios televisivos no se separan correctamente del programa de televisión. Los niños por lo regular tienden a creer que los anuncios son parte del programa que ven, por lo cual no entienden que el objetivo de estos es uno solo: vender.

 

5. ¿Una cuarta comida al día?

Para conseguir su propósito, las campañas mercadotécnicas no dudan en alterar los hábitos de una persona a su favor. En el caso de niños y jóvenes, por ejemplo, haciéndoles creer que está bien tener una comida más allá de las tres que usualmente se tienen por reglamentarias.

 

6. La escuela, el nuevo territorio a conquistar

En la infancia y la juventud hay épocas en que se pasa más tiempo en la escuela que en la casa, por lo cual parece lógico que sea un mercado sumamente ambicionado. En cierta forma las escuelas son territorios ya cada vez menos vírgenes en cuanto a publicidad se refiere. Una máquina expendedora, un cartel publicitario, son las marcas de conquista de estos lugares que al parecer ya no se mantendrán exentos por más tiempo.

 

7. La alternativa “saludable”

En años recientes se ha incrementado la mala reputación de la comida rápida, en buena medida gracias a la información que se tiene sobre sus características poco saludables y benéficas para el desarrollo y funcionamiento de nuestro cuerpo. Para contrarrestar esta imagen, restaurantes de comida rápida han incluido en sus menús alternativas que intentan pasar por “saludables”, por ejemplo, acompañar una hamburguesa con una ensalada o un jugo de frutas.

Esto, sin embargo, en la mayoría de los casos no es más que una estrategia que se aprovecha de lo que usualmente asociamos a frutas y verduras (las ideas de saludable, nutritivo, etc.) para a su vez “contagiar” estos valores positivos a sus productos, que no necesariamente han cambiado para ser menos tóxicos.

Con información de Waking Times