¿La mujer perfecta practica yoga?

¿Por qué una mujer que practica yoga es el ideal femenino? Porque es una mujer cuyo espíritu y cuerpo están en perfecta armonía y se nota. 



Es una mujer que se ríe fuertemente, no porque ha tomado copas de más, sino porque entiende la alegría que ése sonido significa. Ríe no porque quiere que la volteen a ver, sino porque el verdadero sentir de la felicidad emana de ella honesta e inevitablemente.

Una mujer que practica yoga estará tomando agua o electrolitos en vez de alcohol o un café, porque sabe que estar hidratada es más revitalizante que soltura inducida o euforia artificial.  Una mujer que hace yoga respira desde su piso pélvico, y mientras muchos no sepan qué es o cómo lo hacen, ayudará a respirar mejor a todos los que encuentre en su camino.

Una mujer que hace yoga irradia luz, se le encontrará en mercados orgánicos sonriendo mientras escoge duraznos. Vestirá ropa suelta pero que halague su esbelta figura o ropa ajustada que haga lo mismo, la confianza en sí misma y el control que ejerce su mente sobre su cuerpo harán que se destaque en cualquier situación.

El cuarto de una mujer que hace yoga tendrá un espacio libre para que medite, podrán pensar que es por falta de cosas, pero es todo lo contrario: todo lo que ella necesita es un poco de espacio para meditar, lejos de molestos objetos cotidianos. Sus bienes estarán bien escondidos en su enorme armario, cuyo tamaño no refleja la vanidad de la mujer, sino un lugar para guardar cualquier objeto que estorbe en su espacio de meditación.

Una mujer que hace yoga tiene una imaginación, le gusta pretender que es un animal y entiende su poder; un conejo, camello, una grúa o un delfín. Le gusta ser un héroe, un niño y una media luna. Reconoce que al imitar un árbol obtiene un poco de su sabiduría ya que uno tiene que tener las raíces bien ancladas para poder ser libre de cualquier otra parte.

Una mujer que hace yoga no pretende ser algo que no es; ella entiende que los humanos son como los animales, y mientras más pretendan ser cómo uno, serán una mejor persona.

Una mujer que practica yoga aprecia regalos poco comunes: un bloque, una correa o un cabezal. Herramientas que todo yogui puede utilizar para seguir su verdadero llamado.

 Esa mujer es inolvidable. Se ve en el espejo, no para admirarse sino para practicar su drishti. Sus ojos son de fuego porque comprende bien la diferencia entre mirar y ver.

Cuando alguien ama a una mujer que hace yoga sabe que para comprometerse no hace falta esconder un costoso anillo en una copa de champaña en el mejor restaurante. Ese alguien lo suficientemente especial para poder tener una mujer que hace yoga como compañera de vida sabe que para declararle amor incondicional debe hincarse a su lado en su tapete. Sostendrá sus manos relajadamente, le dirá que la sostendrá en sus brazos todos los días de su vida, pero con las palmas abiertas. Si siente incredulidad de su parte, presionara su pulgar entre sus cejas y le dirá que al ver a través de su tercer ojo ella podrá convertir fuego en agua.

Una mujer que practica yoga y su compañero escribirán la historia de sus vidas, tendrán hijos con nombres extraños y gustos peculiares. Ella le enseñara todo lo que sabe a sus hijos, desde las posiciones correctas hasta los misterios de una meditación iluminada. Que la respiración debe guiar su vida; que al respirar se debe tomar lo que se necesita y al exhalar, soltar todo lo que ya no necesitamos más —que la vida se tiene que fortalecer y prolongar, y los momentos disfrutarse completamente, y soltarse también, por completo—. 

¿No prácticas Yoga? Empieza siguiendo algunas de estas posiciones

Con información de Elephant Journal