¿Cómo describen (y educan) los padres a sus hijos en distintos países del mundo?

Estudio confirma que en la formación de nuestros pequeños los antecedentes culturales tienen un enorme peso, los padres que buscan criarlos fuera de ciertas “tradiciones” no pueden escapar algunos pilares que han sido pre-establecidos ahí por teorías que se concentran en algún punto específico del desarrollo infantil.



El estudio conducido por Sara Harkness, profesora del desarrollo humano en la Universidad de Connecticut ha estudiado diversas culturas por décadas para analizar la manera en la que nuestra cultura define cómo percibimos a nuestros hijos y su formación. Mientras que no es sorprendente que cada cultura tenga una forma diferente para criar a sus hijos, la doctora se percató de que en Estados Unidos se enfocan principalmente en el desarrollo de la “inteligencia” de los bebés, cosa que no se hace (al menos no al mismo grado) en otros países de Occidente.

Harkness y su compañero de trabajo (y esposo) Charles Super encontraron que desde las cosas más sencillas, por ejemplo ¿cómo describirías a tu hijo?, los padres estadounidenses respondían en términos del intelecto del niño. Mientras que los padres italianos decían que sus hijos eran “simpáticos”, y rara vez decían que eran inteligentes, al contrario de los estadounidenses que los describían así y hasta “avanzados cognitivamente”. Lo que notó Harkness es que ambas culturas notaban que sus hijos eran curiosos y hacían preguntas, más lo interpretaban de maneras muy diferentes. De manera similar las diferencias culturales se reflejan en observaciones que hacían los padres de sus hijos: los holandeses hablaban de rutinas y descanso, los españoles de carácter y socializar, los suecos en seguridad y felicidad. Los estadounidenses hablaban mucho de inteligencia y el desarrollo de la misma.

Para desarrollar la inteligencia, los padres estadounidenses les dedican a los niños “tiempo especial”, o sea tiempo estimulándolos, o dejándolos con juguetes que lo hagan por ellos. Cuando Harkness les preguntó a padres de otras culturas que hacían para estimular a sus hijos, o en su “tiempo especial” juntos, la mayoría de ellos ignoraban la pregunta o describían una actividad mundana como “llevar las latas y botellas al centro de reciclaje”, en España ponían un énfasis especial en caminatas diarias, tanto doctores, expertos y madres concluían que al hacerlo veían a sus vecinos, comprendían que los objetos no estimulan, sino la gente lo hace.

Harkness explica que la obsesión con el desarrollo cognitivo en las fases iniciales del desarrollo lleva a ignorar muchas otras cosas. Para los estadounidenses no existe tal cosa cómo el ng’om de las tribus kenianas, que describe a un niño inteligente y responsable, cuyas habilidades sociales incluyen ayudar a los demás.

Aunque todo padre ame a su hijo y quiera prepararlo de la mejor manera, enfocarse en un solo elemento del desarrollo, cómo la inteligencia, puede ser perjudicial. Sin embargo, parece ser que no hay mejor manera de estimular a los niños que socializar con ellos, hablar con ellos y meditar juntos.

[Slate]