¿Son las relaciones amorosas más importantes que la ambición material?

El ahora periodista Rod Dreher nunca se sintió cómodo en su hogar, cómo muchos niños y jóvenes tímidos prefería pasar el tiempo sólo, leyendo o en compañía de sus tías abuelas que le contaban de sus viajes por el mundo, o viajes imaginarios que habían descubierto en libros. Su hermana menor Ruthie,era todo lo contrario; disfrutaba de pescar e ir de caza con su padre. En cuanto pudo, Dreher escapó de lo que el sentía era un pueblo retrograda sin potencial. Al alejarse se vio “envuelto en una cultura de ambición” que lo ayudó a evitar regresar a su pueblo en Luisiana.



Durante su carrera Dreher vivió y visitó todas las ciudades con las que había soñado desde que una de sus tías le leyó la mano y le dijo que viajaría; Baton Rouge, Washington DC, Fort Lauderdale, Dallas, New York y Filadelfia. Con cada ciudad escalaba un peldaño laboral, mientras que en su pueblo natal de Starhill (monte de estrellas), su hermana Ruthie era una maestra de preescolar con tres hijas y un marido, siguiendo una vida sencilla, sin lujosos viajes a Europa ni ambiciones laborales cómo las de su hermano. Las vidas de los hermanos eran completamente incompatibles y contrarias hasta que Ruthie anunció en el 2010 que tenía cáncer terminal y sólo viviría tres meses más.

Este suceso sacudió a la comunidad de Starhill que se movilizó para ayudar a juntar 43,000 dólares para pagar las cuentas de Ruthie y su familia. A pesar de llevar una vida sin lujos la enfermedad de Ruthie significó que ya no podían pagar las necesidades más básicas como comida o medicina. Dreher observó las acciones de comunidad en asombro total. La muerte de una persona causó que todos se unieran en un esfuerzo comunitario para ayudar a su familia. Dreher que había invertido todo su tiempo en fortalecer su carrera no tenía una red de apoyo, todos sus amigos eran exitosos pero estaban solos.

Este relato yuxtapone el éxito profesional y las relaciones personales: ¿cuál es más importante? Es claro que sólo los individuos más talentosos pueden balancear ambos, de otra manera generalmente nos vemos obligados a desarrollar uno o el otro. Hoy en día la ambición profesional está profundamente arraigada en nuestra cultura al grado que muchas personas sienten que mientras que la ambición nos lleva hacia adelante, las relaciones y comunidades nos retienen y limitan. Hay pocos estudios psicológicos en el área, pero un estudio conocido como el Terman life-cycle study siguió a un grupo de estudiantes superdotados desde 1922 hasta la década de los noventa.

Los resultados fueron claros: los niños más conscientes, organizados, disciplinados, orientados a sus metas, extrovertidos y de una base socioeconómica fuerte, eran los más ambiciosos. Los más ambiciosos del grupo tendían seguir estudios en mejores institutos, a la alarga ganaban más dinero y tenían trabajos de mayor prestigio. Sin embargo, los resultados mostraron que aunque los más ambiciosos estaban felices por sus avances profesionales, estos afectaban claramente sus relaciones personales.

Perseguir sólo metas profesionales puede entonces ser perjudicial ya que las relaciones personales y los lazos comunitarios afectan de manera directa la felicidad de una persona en términos de satisfacción personal y su salud según reflejan los estudios de John Helliwell y Robert Putnam. Esto podría explicar porque los Latinoamericanos, a pesar de vivir en país políticamente y económicamente inestables tienden a ser los más felices del mundo; la tradición de tener lazos personales fuertes aún se mantiene, respeta y fortalece vidas.

Dreher refleja que “Ruthie vivió fielmente con amor y al servicio de otros, ella penetró profundamente en las vidas de las personas que tocó. No vivió superficialmente”.

El costo entonces de la ambición es sacrificar relaciones personales que aunque limitantes, también son una fuente apoyo.  Vivimos en una sociedad que celebra la ambición personal y en la cual la meta parece ser ganar más dinero para ganar más prestigio y más cosas —que no necesitamos— y que en momentos de verdadera necesidad, cómo enfermedad no nos brindaran ni apoyo ni más prestigio. Quizá la historia de Ruthie logre hacer que revaluemos las metas que buscamos, no deberíamos buscar utilizar a las personas en nuestras vidas para avanzar, deberíamos tocarlas profundamente y así dejar que ellas nos toquen también, creando una comunidad que sea un enorme grupo de apoyo, no un enorme grupo de conocidos indiferentes.

[The Atlantic]