Estudio confirma que en la vejez se puede morir de amor

En algún momento hemos conocido a una pareja de octogenarios compartiendo pequeños momentos de la vida. Vemos cómo uno apoya al otro en las labores diarias, generando cierto confort de intimidad y soporte. Sin embargo, cuando uno de los miembros de la pareja fallece, el otro permanece en un estado de duelo y aislamiento hasta que, eventualmente, también sucumbe.

¿Las consecuencias? 



De acuerdo con un estudio de la Universidad de Birmingham, la clave del fallecimiento del segundo miembro de la pareja (mayor de 65 años) permanece en un componente de las defensas inmunes que deberían proteger al cuerpo contra infecciones y enfermedades. Es decir que, durante el periodo del duelo (proceso de adaptación ante cualquier pérdida emocional), el cuerpo reduce sus defensas inmunes, materializando en el cuerpo los síntomas de la tristeza.

Este estudio, a cargo de Anna Phillips, explica que los glóbulos blancos, llamados neutrófilos, reducen la defensa ante cualquier infección de bacterias u otros agentes infecciosos, los cuales podrían ocasionar enfermedades como cáncer o neumonía. Durante el duelo, el número de neutrófilos no disminuye, pero simplemente dejan de producir moléculas que defienden al cuerpo. 

El impacto del daño en el sistema inmune podría mostrarse a través del desbalance de dos hormonas: el cortisol y el sulfato de hidroepiandrosterona (DHEAS, por sus siglas en inglés). 

Mientras que el estrés segrega grandes cantidades de cortisol, el sulfato de hidroepiandrosterona reduce las consecuencias nocivas de la primera hormona. Con el paso del tiempo, el sulfato deja de producirse, preservando sólo el cortisol. En consecuencia, el sistema inmunológico se debilita y el cuerpo se vuelve vulnerable a ciertas enfermedades. 

En conclusión, después de la muerte de la pareja de muchos años, una persona puede morir de amor… 

Fotografía principal: Ahmed Henedy / Soundcloud