Los médicos son menos amables y empáticos con sus pacientes obesos

Aunque los médicos tienen trato cotidiano con otras personas, con la intención además de devolverles el bienestar físico perdido, el estado de salud que se interrumpe ocasionalmente por causa de la enfermedad, también tiene fama de ser fríos, distantes, a veces incluso poco empáticos. Y quizá no podría ser de otro modo. Para ser capaces de tratar los problemas de tantos, parece lógico, necesario, aprender a sortearlos.



Solo que al final ni uno ni otro, ni médicos ni pacientes, dejan de ser personas, y como tales su comportamiento está condicionado por lo que son: sus ideas, prejuicios, temores, recuerdos y más.

Como posible prueba de esto se encuentra un estudio realizado recientemente en el hospital universitario Johns Hopkins, en Estados Unidos, con registros de 39 doctores que recibieron en total a 200 personas con presión sanguínea elevada. Según notaron los investigadores, los médicos tendían a ser un tanto menos amables con las personas obesas o con sobrepeso: sin ser groseros, mostraban menos empatía o calidez en comparación con personas que parecían en su peso adecuado.

Las diferencias de trato fueron sutiles pero elocuentes. Mientras que, por ejemplo, un doctor consolaba a un paciente porque sus zapatos ortopédicos le habían lastimado, o expresaba su complacencia ante el anuncio de alguien que decía sentirse mejor, estas pequeñas muestras de empatía se encontraron totalmente ausentes en el caso de los pacientes obsesos, a quienes se les reservó una interacción casi indiferente.

La importancia de esto es que, según Kimberly A. Gudzune, responsable del estudio, cuando el médico es empático con su paciente este tiende tanto a confiar en él como sentirse satisfecho con el cuidado recibido y, en consecuencia, seguir las prescripciones con mayor fidelidad, y todo lo contrario cuando el doctor parece no mostrar interés en una persona más allá de su enfermedad.

Por último, cabe hacer notar que en el caso de la obesidad existe toda una construcción social que la relaciona con elementos fundamentales de la personalidad, que la hace ver como algo “malo” pero no solo en su relación con la salud, sino también en un sentido moral, sin duda una noción que debería desmontarse en vista del impacto que provoca en quienes padecen esta que, al final, no es más que una enfermedad del cuerpo.

[NYT]