¿Infancia es destino? Maltrato infantil altera profundamente expresión genética

 

La ciencia empieza a descubrir que, contrariamente a lo que se pensaba, la expresión de nuestros genes no se determina desde el nacimiento, sino que es dinámica y se ve afectada por nuestras experiencias y nuestra interacción con el medio ambiente. Esto es importante ya que la expresión genética es la parte activa de nuestros genes y lo que modula nuestro sistema inmunológico. La epigenética enfatiza la importancia de la eduación, el alimento y el medio ambiente al cual nos vemos expuestos durante toda la vida, pero particularmente en una etapa formativa.

Un nuevo estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences provee evidencia para sustentar la teoría epigenética.

Pacientes con trastorno de estrés postraumático con un historial de abuso infantil mostraron mayores alteraciones en genes relacionados a la regulación del sistema inmune y al desarrollo del cerebro, así como un mayor índice de cambios en la metilación de su ADN que pacientes con el mismo trastorno pero sin un historial de abuso infantil. 

“Los eventos traumáticos que ocurren en la infancia están embebidos en las células por mucho tiempo. No sólo la enfermedad en sí misma, también la experiencia individual es importante en la biología del trastorno de estrés postraumático, y esto debería de reflejarse en la forma en la que tratamos nuestros trastornos”, señala Elizabeth Binder, una de las investigadoras que participó en el estudio.

Otron estudio realizado  por la Escuela Politécnica Federal de Lausanne mostró que el abuso físico y psicológico, y el abandono o la muerte de un ser querido tienen una correlación con los niveles de estrés en la adultez. Este es básicamente el mecanismo operativo del trauma. La investigadora Carmen Sandi dijo al sitio La Tercera que los resultados de su estudio “demuestran que la exposición al estrés durante los primeros años de vida conduce a un aumento de los comportamientos agresivos y también a alteraciones en la actividad cerebral”. Sandi, sin embargo, considera que, pese a esta predisposición neurológica, es posible reprogramar “los comportamientos y las funciones cerebrales que fueron dañadas por la exposición temprana al trauma” a través de fármacos combinados con una terapia cognitiva.

El especialista Lloy de Mausse calcula que hasta el 60% de las niñas en Estados Unidos y el45% de los niños reciben algún tipo de abuso infantil.  Aunque estas cifras, a la luz del daño genético que provoca el abuso, pueden ser alarmantes, el llamado es a tomar conciencia sobre la importancia de una infancia amorosa: comunicación, entendimiento y medios ambientes favorables –más que vigilancia y miedo.  De esta forma estaremos haciendo todo lo que está en nuestras manos para ayudar a nuestros hijos a crecer sanos, y podremos estar tranquilos.

 

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