Hikikomori: los jóvenes japoneses que se aíslan del mundo por completo

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Desde la década de los noventa, muchos jóvenes japoneses —principalmente hombres de clase media— han decidido no salir de sus cuartos por meses, y en ocasiones por años en lo que los nipones definen como “hikikomori”, un estado de aislamiento casi total que preocupa a la sociedad japonesa. 

El psicólogo Tamaki Saito estudia el fenómeno desde los noventa, y explica que este aislamiento es causado por un profundo temor social, “Están atormentados…Quieren salir al mundo, quieren hacer amigos y tener novias (o novios), pero no pueden.” Evidenciando que los hikikomori son cautivos de una presión social más fuertes que su voluntad.

Los síntomas varían, pero incluyen comportamientos violentos, infantiles, obsesivos, paranoicos y depresivos.  Saito cree que el desorden de los hikikomori (que significa aislado en japonés) ha evolucionado en las últimas dos décadas ya que ha pasado de afectar a adolescentes hasta ahora afectar a adultos de más de 30 años.

Se cree que el aislamiento voluntario del hikikomori  se debe a la experiencia de un trauma, pero preocupantemente, este aislamiento prolongado se puede convertir eventualmente en una nueva fuente de trauma. Las fuerzas sociales de la comunidad japonesa tienen una gran influencia sobre las personas, su reputación en la comunidad o su sekentei, es una presión enorme para estos jóvenes por lo que al defraudar (según ellos), a su comunidad pierden el autoestima y les es imposible abandonar su hogar.

Otro factor social que afecta a los hikikomori es la dependencia hacia la familia, amae. En Japón es común que los hombres jamás se muden de la casa de sus padres, mientras que las mujeres generalmente sólo lo hacen cuando se casan. Esta relación dependiente hace prácticamente imposible para los padres echar a sus hijos hikikomori, aunque estos sean violentos.

Otro psicólogo del  Instituto Nacional para la Salud Mental en Tokio, Yuriko Suzuki explica que “Tradicionalmente, los japoneses no quieren resaltar en un grupo. Pero creo que especialmente para las generaciones más jóvenes, quieren una atención y cuidado más personalizado o individualizado. Pienso que estamos en un estado mixto.” Por lo que los jóvenes se encuentran en un cruce, quieren destacar y a la vez quieren cumplir con los deseos de sus padres.

Andy Furlong, de la Universidad de Glasgow, especializado en la transición de la educación al trabajo explica que el hikikomori nació después de que la burbuja económica de los años ochenta se reventara y la recesión iniciara en los noventa. Los jóvenes modernos ya no tendrían las mismas oportunidades que sus padres y en vez se volvieron arbeiter (trabajador en alemán), que describe a aquellos que no pueden aspirar a más que un trabajo de medio tiempo o freelance. La palabra neets, también comenzó a ser usada para describir a aquellos jóvenes que no trabajaban ni estudiaban, algo así como el nini mexicano.  Según Furlong, muchas familias no se han podido adaptar al cambio de oportunidades de las últimas décadas por lo que con frecuencia reaccionan con medidas extremas al problema de hikikomori. Algunas de las medidas incluyen intervenciones familiares, por psicólogos o por empresas privadas.

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Con frecuencia los hikikomori caen en el alcoholismo, por lo que es vital actuar antes de que lleguen a esto. Saito recomienda que profesionales visiten a los hikikomori en su casa, pero que el tratamiento sea gradual y no agresivo. En algunos casos la terapia de grupo ha logrado ser uno de los mejores tratamientos de hikikomori ya que los va acercando a la sociedad. También existen centros juveniles conocidos como ibasho, un centro para que estos jóvenes se vayan reintroduciendo a la sociedad gradualmente.

Una historia particularmente triste es la del hijo de Yoshiko y su hijo, que lleva casi treinta años viviendo en un aislamiento casi completo. En palabras de la madre “Creo que mi hijo está perdiendo el poder o el deseo de hacer lo que quiere”, comenta. “Quizás solía tener algo que quería hacer, pero creo que se lo arruiné”.

Aunque las expectativas sociales y familiares de Japón son muy altas, la situación económica por la que pasan, la crisis económica y laboral se puede ver reflejada en todo el mundo. Quizá una manera de evitar una crisis emocional es reforzar el autoestima de la juventud. Mientras que es difícil aceptar que no todo lo que esperamos y soñamos puede ser realidad, podemos trabajar para acercarnos a esas expectativas, trabajando hacia una meta a la vez. 

[BBC]