El miedo a la violencia en las escuelas estadounidenses agrava la hostilidad

         
Por: Redacción

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Los estadounidenses tienen niveles alarmantes de violencia en las escuelas. En mayo de este año Christopher Marshall, de 7 años, fue suspendido de su escuela en Virginia por usar un lápiz para “disparar” a un “niño malo” –su amigo, quien también fue suspendido–. Pocos meses antes, Josh Welch, también de 7 años, fue enviado a casa de su escuela en Maryland por cortar una Pop-Tart en forma de pistola. Alex, de 7 años, fue suspendido por arrojar una granada imaginaria a “chicos malos” para “salvar al mundo”.

En todos estos casos, las autoridades de las escuelas consideraron que los niños habían violado las políticas de cero tolerancia de armas de fuego, y específicamente en las situaciones mencionadas, los castigos son un tanto drásticos. Sin embargo, no sólo se trata de sentido común, sino que bajo el estandarte de “cero tolerancia”, las escuelas se están convirtiendo en ambientes hostiles para los niños.

Las niñas se encuentran irritadas con estas políticas draconianas, pero son los niños quienes están realmente atrapados, pues en preescolar son 5 veces más suspendidos que las niñas, y en primarias los niños ocupan el 70% del total de suspensiones, a menudo por actos menores de insubordinación. En los casos de Christopher, Josh y Alex, no había insubordinación o desafío, no eran culpables de otra cosa que comportarse como niños de 7 años.

Las políticas de cero tolerancia fueron originalmente concebidas como una forma de evitar a las escuelas alumnos extremadamente violentos, especialmente después de los tiroteos en Littleton, Colorado.

Habría que preguntarse hasta qué punto es funcional reprender así a los alumnos y hasta qué punto es paranoia.

De acuerdo a por lo menos un estudio, el juego de salvar a los chicos buenos de los malos, raramente se vuelve agresión real, sólo un 1% de las veces ocurre así. Maryn Ellin Logue, y Hattie Harvey, dos investigadoras encuestaron a 98 profesores de niños de 4 años, encontraron que este estilo de juego era menos tolerado. Cercanamente la mitad de los profesores detuvieron algún juego dramático diariamente o varias veces a la semana.

El juego es una base crítica para el aprendizaje y a los niños les gustan los juegos heroicos. Logue y Harvey encontraron que el juego de “chicos malos y buenos” mejora la conversación del niño y su escritura creativa. Tal juego, dicen los autores, también construye imaginación moral, competencia social e imparte lecciones críticas acerca de los límites personales y del autocontrol.



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