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Crianza, Familia

8 juegos de relajación para criar niños emocionalmente fuertes

  • Aprender a relajarse se traduce en el fortalecimiento de las emociones de los niños, en lograr la resiliencia, en aprender a vivir (y estar bien) sin la prisa o los estímulos rápidos y la gratificación inmediata, es de suma importancia que tengamos a mano recursos de relajación que favorezcan un mayor autocontrol.

Los niños a pesar de su corta edad sufren de estrés. Porque el ritmo y la prisa y las preocupaciones que nos afectan a los adultos afectan su vida… En una época en la que se usan las tablets y cualquier pantalla para entretener/calmar/cuidar a los niños, se hace indispensable aprender, enseñar y compartir con nuestros hijos diferentes técnicas de relajación. Idealmente deben ser por medio de juegos para que, a la vez que se desarrollan recursos para la vida, se diviertan.

Aprender a relajarse se traduce en el fortalecimiento de las emociones de los niños, en lograr la resiliencia, en aprender a vivir (y estar bien) sin la prisa o los estímulos rápidos y la gratificación inmediata, es de suma importancia que tengamos a mano recursos de relajación que favorezcan un mayor autocontrol.

Compartimos 9 opciones sencillas:

1. ¡¡Soplar la vela!!

Consiste en aprender a respirar de manera profunda, es decir, cogiendo aire por la nariz, inflando la barriga y expulsando poco a poco el aire mientras soplamos la vela con intención de apagarla. Una vez que están comprendidas las instrucciones, situamos al niño en una silla a dos metros de la vela, que se encontrará encendida encima de una mesa.

No puede levantarse ni inclinarse, por lo que es esperable que no consiga apagarla. Así que lo acercaremos medio metro aproximadamente. Realizaremos acercamientos progresivos hasta que la apague. De esta manera tendremos un rato de juego de unos 5 minutos en el que el niño adquirirá la habilidad de respirar profundamente e irá de a poco sintiendo los sutiles cambios en su corporalidad y en su humor.

2. El juego del globo

¿Qué necesitamos? Un espacio amplio y globos de colores. ¿Qué debemos hacer? Inflar un globo tanto que explote e inflar otro globo y dejar que expulse el aire lentamente manipulando la boquilla.

Después, les pediremos a los niños que cierren sus ojos y se imaginen que se convierten en globos mientras toman aire. Luego, les solicitaremos que expulsen el aire lentamente, como si fueran globos.

Tras hacer esto pediremos a los niños que nos cuenten situaciones en las que se sienten como globos, situaciones en las que no pueden soportar o tolerar algo y luego explotan. Entonces, les invitaremos a que nos indiquen cómo lo han resuelto, ofreciendo alternativas si necesitasen ayuda para tomar conciencia de esas situaciones y no reventar.

3. La relajación progresiva

Esto es preparar un ambiente relajado para el niño, en donde no hayan estímulos externos que lo distraigan, ojalá un ambiente natural o exterior en el que pueda bien escuchar solamente las instrucciones de quien le vaya a guiar la relajación. 

También funciona enseñar a los niños a poner todo su cuerpo en tensión, desde los pies, luego las piernas, rodillas, etc., de manera que lo vayan endureciendo y luego relajando de a poco para que sientan como va progresando la sensación en el cuerpo.

4.El juego de la semilla

Con música relajante de fondo y luz tenue, simbolizaremos el crecimiento de un árbol. Comenzaremos por ponernos de rodillas en el suelo con la cabeza agachada y los brazos extendidos hacia adelante, como si fuésemos gatitos desperezándose.

Somos una semilla que, al son de la música, va creciendo y convirtiéndose en un árbol grande con hermosas ramas, que serán nuestros brazos extendidos hacia arriba cuando estemos de pie. Este ejercicio es ideal para hacerlo con ellos por la noche, antes de acostarlos. El niño puede dirigir el juego, te dará oportunidad de conocer sus pensamientos.
 
 
5. El cuento de Dragoncito (Ana Serrano) 
 
Se trata de un cuento en el que juegan un pequeño dragoncito y una hormiga a armar torres de daditos, pero la hormiga se tropieza y la tira, por lo que el dragón se enfada y echa fuego y quema los dados y a la hormiguita. Luego muy enojado y triste, un mago le enseña a controlar sus emociones pasando una “piedra mágica” por su cabeza, por su garganta y por su estómago, para enfriar la sensación, suavizar las palabras y quitar el enojo… y le menciona la frase “lo que no dices se convierte en lombrices” y así… el Dragoncito aprende de a poco a controlar sus emociones y a jugar con sus amigos sin llegar a enojarse tanto que los dañe y a cada uno le va enseñando a usar la piedra mágica hasta calmarse.

Este cuento es ideal para narrarlo a niños entre los 3 y los 7 años. Para favorecer la puesta en práctica de esta habilidad podemos darles una pequeña piedra que tengan a mano cuando se enojen y se sientan frustrados y que la vayan usando a libre demanda para tener un objeto de apoyo.

6. El frasco de la calma

Se trata de un frasco transparente (plástico o vidrio) en el que metemos agua, glicerina líquida y/o aceite de bebé combinado con agua, para dar densidad y textura al contenido que puede ser diamantina, lentejuelas o colores vegetales. Es una anualidad simple para calmar y observar en momentos de tensión.

Consiste en que lo agiten y observen el movimiento, después de ello les explicaremos que la diamantina es como sus emociones, que se agitan y agitan hasta que se tranquilizan. Es ideal para fomentar la reflexividad.

La sola observación de la diamantina moviéndose lentamente les ayudará a concentrarse y relajar su mente tras momentos de gran activación. ¡¡No olvides sellar la tapa del frasco con pegamento extrafuerte para impedir que se abra y se desparrame el contenido!!

7. Arrugar papeles, aplastar bolas, garabatear

Garabatear, arrugar papeles o aplastar bolas blanditas tipo anti-estrés es otro juego maravilloso para ayudarles a canalizar sus emociones negativas. Además, al mismo tiempo favorecemos el desarrollo de la motricidad fina, ya que les ayudamos a fortalecer los músculos de sus pequeñas manos. Esto puede ser rompiendo viejos directorios de papel, o papel ya reciclado.

 

9. Pintar mandalas

Pintar mandalas no solo favorece la relajación y la reflexividad, sino la capacidad de concentración y la habilidad creativa. En librerías y en internet encontramos numerosas alternativas adecuadas para ellos que les encantarán.

 

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