6 cosas por las que pasa un adolescente cuando no le enseñaron a valorarse por sí mismo

6 cosas por las que pasa un adolescente cuando no le enseñaron a valorarse por sí mismo

Los adolescentes parecemos un estereotipo bien definido por la sociedad adulta, quienes piensan que nos mantenemos perdidos en la adversidad de la vida, buscando a nuestro propio ser y personalidad. Llegar a tener una buen autoestima es un trabajo arduo, un camino largo y una de las formas más lindas de mostrar afecto por nosotros mismos, sin embargo, no a todos nos han podido enseñar el cómo llegar a esa meta y sentirnos satisfechos con nuestra propia piel y mente. Aquí dejo 6 actitudes que tenemos aquellos que no aprendieron a tiempo la compleja palabra de la valoración:



1.- Comparaciones

La impotencia de sentirse por debajo de los demás es constantemente confundida por tristeza o abandono emocional. Quienes padecemos de estos pensamientos diarios, suponemos que nada ni nadie podrá cambiar nuestra posición ante los demás y, muchas veces, deseamos mantenernos ahí.

Nos comparamos todo el tiempo, hasta con el extraño junto a nosotros en la fila del baño, ese compañero de clase callado y lo peor de todo, nos comparamos hasta con nuestros propios padres. Compararse funciona como impulso a mejorar para la mayoría de las personas, sin embargo, nosotros sólo buscamos hundirnos más.

2.- Auto-sabotaje crónico

“Esto es demasiado bueno para mí, hay que encontrar lo malo hasta perder el control emocional.” Eso es lo que nuestro cerebro provoca cuando hay una situación buena en nuestra vida. No son las palabras exactas, ni es lo que textualmente pasa por nuestra cabeza pero es lo que se pone en marcha cuando comenzamos a disfrutar de algo o alguien.

En los adolescentes suele suceder con cumplidos, parejas, o logros que consideramos no adecuados para nuestra persona. Dejar de pensar en lo negativo es como dejar un vicio, una adicción, sentimos que lo necesitamos y que nuestras emociones piden el sufrimiento y la tortura de nuestra imaginación.

3.- Adicción a las emociones depresivas

Al igual que el auto-sabotaje, la depresión puede ser una adicción que completamente nos consume y más cuando no conocemos otra forma de vivir. Conforme nos desarrollamos como adolescentes que nunca se valoraron, nuestro cuerpo se acostumbra a consumir pensamientos y emociones negativas que de alguna manera nos hace sentir “a gusto” en nuestra propia versión del dolor. Ser agresivos con nosotros mismos es parte de nuestra personalidad, es parte de nosotros y la mayoría de las veces no queremos ser “salvados” por ninguna fuerza interna o externa.

4.- Escogemos parejas o amores platónicos que nos destruyen

Los adultos suelen interpretar el amor adolescente como algo inmaduro, lleno de hormonas y carente de inteligibilidad, sin embargo es una de las partes primordiales para nuestra realización como persona. La pareja (ya sea adolescente o adulto) es una extensión del amor hacia nosotros mismos, el cual (como lo dice) representa que tanto nos valoramos y como nos trata nuestra “voz interna”. Como buenos adictos al sufrimiento, nosotros elegimos constantemente a una pareja que puede ser agresiva, demasiado exigente, que nos sea irrespetuoso o que muestre su desinterés en nosotros. Esta persona no tiene que ser propiamente nuestra pareja, puede ser un tipo de amor platónico o amor callado.

5.- Nos flagelamos a nuestra forma

Es un tema escabroso y censurado pero no necesariamente tiene que ser físico o tangible. Los enumerados anteriores son formas de flagelarnos emocionalmente y, puede ser, la más grave y repercutida de ambas forma. Lastimarse físicamente viene en múltiples formas y colores, puede ser cualquier desorden alimenticio, el descuido físico y la más cruda y poco agradable para aquellos “mortales” golpearse, cortarse, quemarse o incluso llenarse de sustancias tóxicas.

6.- No sabemos recibir emocional o físicamente

¿A qué nos referimos con recibir? Ya sea un cumplido, un regalo o un logro se sienten demasiado valiosos para alguien como nosotros. Creemos que cualquier situación, frase u objeto que nos brinde alegría es demasiado para nosotros, está fuera de nuestro alcance y por lo tanto, no lo merecemos.  

Todas estas actitudes pueden variar de muchísimas formas que sólo la persona involucrada puede entender. Al mismo tiempo, es importante decir que no eres ni yo soy la única que pasa por esto, puedo apostar a que conoces a más adolescentes así. Es normal, y está bien, sólo falta comprenderlo.

Una colaboración por D. Ortega para Ana María Arizti

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