Karla Lara

¿Que es la resiliencia?

  • Somos responsables de todas nuestras acciones y elecciones, de todos nuestros actos y de nuestros pensamientos, la palabras tienen poder y también las intenciones…

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Desde un momento muy personal como un ejercicio en espera de ser resuelto… hago el balance de mucho de lo que he aprendido: resiliencia.

En ciertos momentos de mi vida, he necesitado (como muchas personas), dosis más altas de fortaleza, de sostén, de claridad emocional, en mi búsqueda me encontré con la resiliencia, esa capacidad o habilidad para sobreponernos de los eventos adversos en nuestra vida, para superar con cierto grado de optimismo los obstáculos que se nos presentan sin sufrir un daño profundo que nos deje mal para continuar. Puedo decir felizmente que ahora la  resiliencia es parte de mi vida y comprendí que siempre hay una mejor manera de pensar sobre lo mismo, nuestro pensamiento siempre lo podemos mejorar y eso siempre actuará en nuestro favor.

Nada más lejano de la realidad que asumir que nosotros estamos protegidos o aislados del sufrimiento o de las pérdidas en nuestra vida, sean emocionales, físicas o materiales, esas pérdidas nos afectan y las más de las veces nos transforman, yo aprendí que el resultado de la transformación que atravesamos en consecuencia del dolor es una elección, podemos entonces dejarnos vencer y rendirnos ante lo sufrido o bien, de manera eficiente y positiva reaccionar frente a los problemas, frente a las pérdidas y crecer y evolucionar. No hay una fórmula que funcione para salir del duelo (lo que ello signifique para cada quien), porque el dolor como el amor, no tienen una medida ni un tiempo determinados, ni tampoco una sola manera de representarse, el dolor y el amor son subjetivos, intangibles, pero reales y para sobrevivir a ambos necesitamos generar aceptación, comprensión, confianza en nosotros mismos, en nuestras mejores capacidades para enfrentarnos sanamente a los conflictos.

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Estoy proponiendo vivir en resiliencia, es decir;  elegir ser feliz como práctica y no como meta, vivir en el hoy y en el ahora a pesar de nuestra fragilidad, a pesar de aquello que nos haga vulnerables, aunque nos tome tiempo. Cuando se trata de recuperarnos de los temas que nos afectan, algunos descubrimientos personales:

  • Hacer un inventario de lo bueno sirve siempre: ¿Qué es lo que tenemos para agradecer, para apreciar?, ¿Qué nos hace sentir bien a pesar de…?, este simple ejercicio nos hace reconocer lo que sí tenemos y todos, a pesar de lo que nos haya sucedido seguro tenemos grandes cosas (que mejor dicho, no son cosas)… ojalá sean personas, experiencias, recuerdos, amigos, familia, salud, alternativas…
  • Pedir ayuda: sí, quizá resulte difícil tragarse el orgullo cuando además nos sentimos derrotados, pero es necesario pedir favores, esto no va en contra de nuestra autoestima, va en favor de nuestra recuperació Se requiere humildad, pero puede que en el camino recibas gratas sorpresas inesperadas por recibir la ayuda de quien menos lo esperas y eso nos predispone a ayudar a otros cuando lo requieran lo cual va sembrando un verdadero sentido de comunidad y de empatía.
  • Identifica tus miedos: el miedo puede ser paralizante, tener miedo nos debilita (a todos), pero es importante distinguir entre los miedos reales y los irracionales, identificar nuestros miedos nos hace verlos a la cara, es una manera de enfrentarlos y cuando lo hacemos, a veces descubrimos que no son tan terribles como creíamos, a veces es verdad que permanecen, pero al menos sabemos cuáles son y con ello tenemos más seguridad de cómo reaccionar cuando nuestro miedo se materializa.
  • Prioriza: ¿Qué es lo importante, qué es lo que realmente merece nuestra atención, nuestra energía?, una vez que has identificado tus miedos o tus debilidades califica cuál de ellos es más importante resolver y dedícate a ello, los cambios no suceden solos, hay que hacer que pasen, trata de ver con claridad cuáles son tus opciones y si no puedes pide ayuda. La depresión tiende a nublar todo lo que percibimos, es como ver a través de cristal sucio que distorsiona nuestra visión, por eso importa hacer las cosas con calma, tomar las decisiones cuando estemos listos, resolver por impulso o con urgencia lo que sea en situaciones de pérdida y de dolor, generalmente no es una buena idea.
  • Retoma el control: los cambios drásticos que incluyen pérdida nos desorganizan en todo sentido, nos hacen sentir impotentes ante la situación y eso nos resta poder, cuesta trabajo y a veces nos puede parecer imposible, pero retomar el control sobre ciertas situaciones (aun cuando sea de a poco o simbólicamente) puede hacer toda la diferencia. Recuerda que tu eres responsable de tu vida y de sus resultados, no pongas tu tranquilidad o tu felicidad en manos de nadie, no permitas que la paz y el amor vengan de fuera, lo que nos sostiene viene de dentro.
  • Te sentirás diferente, no te disculpes: nuestra cultura nos ha enseñado a sentirnos culpables por como sea que nos sentimos y cuando nos sentimos “mal” o “diferentes” tendemos a justificar y a explicar el porqué de nuestro decir, de nuestro hacer o no hacer y la verdad es que eso no es importante. El ser humano necesita “experimentar los cambios en conciencia”, eso es lo que nos da el sentido del porqué, en el camino del dolor de la transformación encontramos la razón o la explicación a lo que estamos atravesando y no le debemos explicaciones a nadie. Cuando estamos en modo “sobrevivencia” no nos debe preocupar el juicio ajeno, en realidad soy de las que piensa que nunca nos debe preocupar, quienes nos aman genuinamente respetarán nuestros cambios y sus tiempos. No te disculpes por cómo te sientes mientras te recuperas.

Darse por vencido cuando las cosas van mal puede ser atractivo, lo mismo culpar a las circunstancias, a las personas, a la suerte de lo que nos pasa y cierto es que no hay verdades absolutas al respecto. Somos responsables de todas nuestras acciones y elecciones, de todos nuestros actos y de nuestros pensamientos, la palabras tienen poder y también las intenciones, entonces cabe pensar que igual podemos dirigirlas de manera optimista y positiva, en lugar de estacionarnos en el papel de víctimas, es difícil, yo misma me he sentido vulnerada en muchas situaciones.

Cuando vives en resiliencia aprendes mucho, primero a superarte a ti mismo, pero sobre todo a conocer y reconocerte mejor. Ser resiliente es una inteligencia emocional que nos hace “ejecutar”, en lugar de dejarnos pasivos nos motiva a movernos en cualquier y de cualquier situación; nos hace sentirnos optimistas creyendo que podemos crear nuestro destino y nuestras opciones y eso nos empodera porque además reconocemos que de toda situación existe algún aprendizaje. La resiliencia nos regresa la confianza de a poco, moldea nuestro carácter y nuestra personalidad para crecer con cada experiencia sin importar la edad que tengamos (los niños son expertos en practicar la resiliencia de manera orgánica); ser resiliente es darnos permiso de sentir profundamente, de no dejar ir ciertas situaciones hasta que estamos conscientemente listos y por lo tanto también dispuestos y en paz con las consecuencias; la resiliencia nos hace fuertes, porque a pesar de necesitar apoyo y sostén, no dependemos de ello para seguir adelante, se tiene la capacidad de recuperación en cada crisis a pesar de la fragilidad porque la realidad es que nos estamos volviendo mas fuertes cada día y eso hace que nos adaptemos a los cambios futuros con mayor flexibilidad, con menos apegos y más confianza.

Experimentar el dolor en resiliencia nos hace valorar lo que sí tenemos, descubrir nuestras fortalezas, incluso descubrir a nuestros verdaderos amigos, esos que permanecen cerca a pesar de nuestras circunstancias personales. El mundo espera que las personas se recuperen pronto de los cambios, porque nos sentimos incómodos ante el dolor ajeno, pero para las personas resilientes el tiempo carece de importancia, porque nos permitimos vivir y experimentar el sufrimiento en todos sus matices, incluyendo las emociones negativas hasta que ya no son necesarias y nos sentimos capaces de eliminarlas en lugar de evadirlas.

Encontrar la motivación hacia adelante sirve mucho, a veces serán proyectos, otras ciertas actividades que nos gusta hacer, otras veces serán personas que esperan algo de nosotros: nuestros hijos, pareja, familia, amigos…, hacer planes y anticipar cierta felicidad puede sacarnos de un momento de tristeza.

Sí, los malos momentos llegan inesperados, como lo hacen también los buenos, de eso se trata la vida y es inevitable, resulta positivo tener la capacidad para atravesar ambos momentos y verlos temporales, porque es verdad que nada dura siempre y que ser resilientes es tener un escudo protector que nos ayuda a defendernos de las situaciones amargas y salir de ellas para descubrirnos en personas más fuertes, mas integrales y con nuevos aprendizajes y agradecimientos por compartir.

Que sea un nuevo año de resiliencia en cada situación de cambio y que se descubran nuevos y renacidos en sus pensamientos, todo cambio es posible si lo gestamos en nosotros primero. Un abrazo para año nuevo de todo corazón.

Twitter de Karla Lara: @KarlaDoula

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