Crianza, Educación, Familia

Uso de gadgets y el incremento de diagnósticos en niños con Trastorno de Déficit de Atención

  • Que los niños usen o no gadgets aumenta los diagnósticos de TDA y TDAH porque modifica la concentración, la atención, la manera de relacionarse en la vida diaria.

Trastorno de Déficit de Atención

Dispositivos electrónicos y el incremento de diagnósticos en niños con Trastorno de Déficit de Atención (TDA)…

De acuerdo con los Centros para el Control de Enfermedad y Prevención (CDC), en Estados Unidos, más de 6 millones de niños entre 4 y 17 años, son diagnosticados en algún punto con ADHD o Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad. Antes de 1990, menos de 5% de los niños padecían tal condición pero este año datos de los CDC mostraron que en las últimas dos décadas aquellos números han superado el doble, con 11% de niños diagnosticados.

Estados Unidos lo considera una epidemia y aunque la psiquiatría en este país tiene una marcada tendencia a diagnosticar y medicar a los niños sin tanta investigación previa sobre  las raíces del problema es oportuno considerar este artículo publicado por el sitio MOBILEDIA sobre la influencia del uso de gadgets en el TDAH.

La Kaiser Family Foundation asegura que los niños pasan cerca de 7 horas al día utilizando algún gadget, que es más de 20% de lo que hace 5 años, lo que lleva a los expertos a construir un vínculo entre el uso de los dispositivos digitales y el incremento de los casos de TDAH.

Si escaneáramos el cerebro de un niño que está jugando con una tablet veríamos que su mente está concentrándose más en absorber la descarga de sensaciones y que el incremento en la actividad neural le dificultaría más concentrarse en cualquier otra tarea. De hecho, su habilidad de concentrarse en el juego y en ningún otro lado es un distintivo.

A simple vista podrá parecer que está concentrado pero en realidad no se trata de concentración. De acuerdo con Christopher Lucas, profesor asociado de psiquiatría infantil en el Colegio de Medicina de la NYU, la concentración de un niño en los videojuegos y en la televisión no es la misma forma de atención que aplicaría en la escuela y en la vida.

“No es atención sostenida en ausencia de recompensas. Es atención sostenida con frecuentes recompensas intermitentes”  afirma Lucas.

Cuando los chicos juegan con una tablet o una consola ganan puntos, ascienden niveles y desbloquean personajes y accesorios y sus cerebros están recompensados por dopamina, un neuroquímico que se libera cada vez que “ganan”. Esa sensación de placer a menudo es la razón por la que aman los electrónicos y algunos expertos incluso consideran que buscan los gadgets porque tienen problemas con sus sistemas naturales de dopamina.

La situación empeora si el niño ya padece TDAH y tiene problemas para relacionarse con los demás, ya que recurre los gadgets y termina desarrollando dependencia emocional a los aparatos que dispararán sus niveles de dopamina.

Cuando un niño está absorto en un iPad mantiene contacto visual constante con el dispositivo y sin él, es un niño problemático, al que los demás rehuyen; por ello es fácil para él apartarse del mundo; el gadget se vuelve un escape.

Y mientras algunos expertos únicamente ven a los gadgets como fuente del problema, otros los consideran la solución: “Tal vez el que los niños se concentren en videojuegos podría ser utilizado para dirigirlos hacia el desarrollo de sus habilidades sociales.” dijo Stephen Shore, autor de Beyond the Wall: Personal Experiences with Autism and Asperger Syndrome, quien fue diagnosticado con “tendencias autistas fuertes” y hoy es profesor de educación especial en la Universidad de Adelphi. Shore cree que no deberíamos luchar para eliminar los videojuegos sino encontrar beneficios en ellos.

Hasta ahora parece que nadie ha encontrado la forma de hacer de los videjuegos un pasatiempo provechoso, pero la televisión raramente lo es, así que habría que pensar en soluciones alternativas a simplemente alienar a los niños de actividades que ya son tan familiares a ellos y formarles un criterio que les permita valorar su tiempo de ocio para que, sin necesidad de prohibiciones, ellos prefieran pasar un día en bicicleta antes que frente a una pantalla. 

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