Crianza, Familia

Tareas domésticas para niños y adolescentes

  • Tendemos a gastar mucho en actividades deportivas o recreativas extras para nuestros hijos asumiendo que enriquece sus vidas (y lo hacen), pero poco les permitimos asumir responsabilidades reales…

Tareas domésticas

Fomentar el trabajo de equipo y el sentido de responsabilidad en nuestros hijos es una tarea que se logra a partir de las cuestiones más cotidianas y simples: cuando los niños te piden ayuda para doblar la ropa o lavar el coche solemos enviarlos a jugar en lugar de hacerlos partícipes…, y luego queremos que los adolescentes sean proactivos y lo hagan y ya no lo hacen porque no lo aprendieron de niños…

Promover en los niños la satisfacción de ayudar a otros es la manera más eficaz de promover el desarrollo de valores y buenas actitudes en muchas áreas de la vida.   

Tendemos a gastar mucho en actividades deportivas o recreativas extras para nuestros hijos asumiendo que enriquece sus vidas (y lo hacen), pero poco les permitimos asumir responsabilidades reales, privándolos de componentes clave que forjan el carácter y lo hace apropiarse afablemente del mundo real desde el principio, teniendo con ello mayores posibilidades de ser adultos plenos.

Además, la infancia es un período importante para afianzar la neuroplasticidad, que es fundamental para los procesos de aprendizaje, siendo las experiencias especialmente importantes en este momento. De hecho, el niño que practica regularmente actividades como la organizar los alimentos en la alacena, poner la mesa, clasificar los calcetines, etc.,  aplica en el mundo real las matemáticas. En el caso de ayudar en tareas más específicas como desarmar cosas o ayudar en la cocina tendrá una sólida base para la representación y comprensión de procesos abstractos y complejos.

Las tareas basadas en el movimiento están estrechamente vinculadas al desarrollo del cerebro necesario, para la lectura y la escritura; la experiencia práctica en todo tipo de tareas y hobbies promueve el aprendizaje, construye el carácter, y ayuda a formar la base de nuestro ser en el futuro.

En su libro “La mano: el trabajo manual moldea el cerebro, el lenguaje y la cultura humanas”, el neurólogo Frank R. Wilson estudió a alumnos de alto rendimiento y se encontró con que muchos acreditan su experiencia a los atributos aprendidos a través de actividades prácticas. Wilson afirma en las conclusiones de su investigación que “el ingenio y la autodefinición derivan del uso de nuestras manos más que de lo dictado por nuestro sistema educativo”.

Todas las bondades del trabajo práctico son una herencia real y fehaciente que dejarle a tus hijos, todo depende de cómo los acercas a estas actividades. La frase de “predica con el ejemplo” cobra mucho sentido: en la medida en que tus pequeños perciban que haces y disfrutas las tareas, los haces partícipes y se sientan útiles al ayudarte, fomentando en ellos un carácter afable, trabajador y competitivo.

La participación en las tareas habituales en conjunto, afirma un sentimiento único de reciprocidad y comunión entre todos los miembros de la familia y, ¿qué crees? No cuesta un centavo. A medida en que nuestros hijos crecen, la costumbre de realizar tareas juntos se traducirá en excelente comunicación y fortaleza de las relaciones familiares. 

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