Experiencias, Familia

Somos hermosas mujeres, somos madres

  • Un texto compartido por una de nuestras queridas colaboradoras: Madre Luna, desde el corazón de madre, de mujer, de la que es, de las que somos.

Somos hermosas mujeres, somos madres

“Somos hermosas mujeres, somos madres…

Somos las que damos leche de madrugada, aquellas que hemos dejado de ver el reloj, las que vivimos suspendidas en el ritmo que nos marca la luna entregando el alma a altas horas de la noche. 

Somos las que nos guiamos escuchando el latido de su pequeño corazón, aquel que sabemos escuchar de cerca, tan de cerca, que ahí es donde nuestra alma realmente descansa, al verlos en paz. 
 

Entendemos que la leche no solo es  su alimento, es su calma, es su amor, es su canción de cuna, es la forma en la que se vuelve a dormir en silencio teniendo la seguridad plena que mamá respira a su lado. 

 
Y así, ellos en este ritmo de estrellas van noche a noche creciendo bajo una rutina de amor pleno que es la que a nosotras realmente nos importa, la rutina de la vida, la rutina del alma, el poderoso llamado que nos lleva a entregarnos de esta forma  tan profunda.
 
Somos las que desnudas vamos, a corazón abierto, con el alma descubierta y con los pechos….también. 
 
Nosotras ya no vemos el reloj, aprendimos a  arrullarnos en las alas de la Luna, ahí es donde escuchamos la canción de cuna que nos ayudara a conciliar el sueño, a nosotras nos abraza La Madre Tierra, nos canta al oído.
 
Nosotras entendimos que no estamos solas, aprendimos a sentimos acompañadas por una energía divina en el silencio de cada madrugada, aquella que nos cubre con el manto de estrellas cada noche y nos ayuda a reciclarnos, nos lleva a renacer…
 
Hemos entendido que nos acarician las olas del alma que vienen y van, y en el silencio escuchamos claramente como la vida nos da las gracias por cuidar a nuestros seres de luz tan de cerca. 
 
Nosotras, las que entregamos todo lo que somos en cada toma, demostrando una y otra vez el amor tan infinito que sentimos, aquel que les dejará impregnada la huella del poderoso llamado de nuestra propia existencia. 
 
Somos las hermosas mujeres con sombra bajo los ojos, somos aquellas que intentamos irnos reconociendo cada día frente al espejo, porque no, no somos las mismas, somos infinitamente más sabias. 
 
Somos las que vamos entendiendo que cada uno de los rasgos que quedo en nuestro cuerpo habla de la entrega que cada día y noche hacemos por verlos sonreír.
 
Somos las que diario se reinventan, las que hacen voces de caricatura, aquellas que a su lado están volviendo a ser niñas.
Somos las que estamos aprendiendo nuevamente a jugar, somos las que están agotadas, las que rompen reglas de las abuelas, pero que también seguimos un consejo de antaño, las que están siendo la mejor version de sí mismas por aquellas fuertes lecciones y aprendizajes que la existencia de nuestro bebé nos exige. 
 
Somos las que han tocado sus propias heridas de la infancia, heridas profundas que ellos trajeron a la luz. Aquellas que duelen, que escondimos, pero que hoy, por nosotras y por ellos, es necesario sanar.
 

Y vamos entendiendo que sólo así podremos vivir una maternidad más sana, mas pura y limpia. Una maternidad consiente. Y ahora nos convertimos en aquellas que entienden mas a su propia madre.

 
Somos las que nos damos cuenta que la marca de la pañalera esta muy alejada de lo que  realmente está hecha la maternidad. 
 
Vamos entendiendo que ser madre requiere mucho, pero mucho mas allá que usar los hermosos accesorios de los aparadores que ya estamos a veces muy cansadas para siquiera querer mirar. 
 
Somos aquellas que abrimos las alas para cubrirlos, protegerlos y enseñarles paso a paso no solo a caminar, sino a volar.
 
Y sabemos que nuestro consuelo existe en esa fuerza que nos abraza a todas, vamos sanando al entender que somos guerreras  unidas por la fuerza que nos vió parir. Y que gracias a esa fuerza qhe nos une, hoy, estamos aquí, tomandas del alma. 
 
Somos las que jamás olvidaremos ese primer respiro al verlo nacer, aquel momento en donde no existió juicio, barrera alguna, dolor alguno, en ese segundo donde nos conectamos con la fuerza mas luminosa que nos unirá por siempre, aquella que nos hace ser a todas, espejos de todas.
 
Tu eres otro yo, yo soy otro tú. 
 
…Y unamos las manos, unamos el corazón, por una noche mas que nos cubrirá de un millón de estrellas agradeciendonos con luz infinita la entrega en cuerpo y alma que estamos haciendo al ser lo que hoy somos, MADRES.
 
IN LAK’ ECH
(Yo soy otro tú)
 
Autora: Madre Luna 
 
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