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Sexualidad en los adolescentes: límite entre la libertad y el desenfreno

Una de las principales preocupaciones para madres con hijos adolescentes es la sexualidad de éstos. La angustia es natural puesto que una mala decisión puede traer consecuencias irrevocables, no sólo el embarazo sino también enfermedades venéreas. Pero intentar infundir en los hijos rechazo al sexo no es la mejor manera de enfrentarlo.  

Todos los estudios han demostrado que los programas de educación que reducidos a fomentar la abstinencia no sólo no minimizan los riesgos de embarazo y de enfermedades venéreas, sino que los potencian.

Un estudio hecho en septiembre de 2009 en el Sexuality Research and Social Policy Journal reportó que la mayoría de los programas de abstinencia fallan en el retraso del inicio a las relaciones exuales, mientras que los programas más comprensivos muestran un impacto positivo, incluyendo el uso de anticonceptivos y retrasando el inicio al sexo.  

 

 

 

Como información complementaria se encuentra el estudio publicado en 2007 en el American Journal of Public Health que atribuye la disminución en el número de embarazos adolescentes en Estados Unidos al uso de anticonceptivos.

El punto de vista humanista secular, que se mantiene al margen de los juicios religiosos sobre las relaciones sexuales, no cataloga las relaciones sexuales de “buenas” o “malas”, sino que intenta comprender los impulsos sexuales desde un punto vista biológico, sociológico y cultural que alienta a los jóvenes a reflexionar acerca de las implicaciones y las consecuencias de darle rienda suelta a su libido.

La humanista Alice Walker, ganadora del premio Humanist of the Year por AHA, ha argumentado que la sexualidad debe ser afirmada, reconocida e incluso celebrada y que castigar a las adolescentes por disfrutar del sexo es dañino y contraproducente. No se trata de estar de acuerdo con que los jóvenes tengan sexo deliberadamente sino de que tengan una mejor comprensión y responsabilidad de su sexualidad, y no que la conciban como un don dado por Dios que únicamente existe para la reproducción.

Los humanistas, no sólo en materia de comportamiento sexual sino en todas las áreas de la ética, pugnan por poner unos cuantos límites a la libertad personal y hacer lo necesario para no caer en un hedonismo desenfrenado. En la educación humanista no se niegan las realidades humanas sino que se intenta reflexionar sobre ellas con un criterio ético que nos provea de bienestar.

Todo esto no debe entenderse como que los padres inclinados a la posición humanista saltan de alegría al enterarse de la iniciación sexual de sus hijos adolescentes, sino que aunque no puedan evitar la incomodidad y la preocupación ante el hecho, no tratarán a sus hijos como si hubieran cometido un delito o un pecado mortal. Toda la preocupación deberá dirigirse a que los adolescentes ejerzan un buen criterio sobre su sexualidad, a que comprendan las responsabilidades que conlleva y a que tengan presente en todo momento decisiones afectan su bienestar físico, social y psicológico.

[Psychology Today]

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