Karla Lara

Ser “Súper Mamá” puede ser agotador…

  • Yo apuesto por una crianza que viene desde adentro, que nos es natural desde el punto de vista de lo que podemos dar sin llegar a sentirnos rebasados como personas, me hace feliz dedicarme a muchas otras cosas que no son solo mis hijos.

Súper Mamá

Mi pensamiento: “Ser súper mamá” es agotador…

Me he dado cuenta en cómo los medios nos convencen de que la maternidad debe llevarse a grados extremos para ser reconocida, y es que es verdad que muchas mamás se esmeran (demasiado en mi opinión), no solo por ser mamás, sino por ser y demostrar y ser reconocidas como “Súper mamás”.

En estos tiempos en que las redes sociales nos permiten “enseñar” (lo que queremos) de nuestras vidas personales y me incluyo, es bastante común que en consecuencia se proyecte o se perciba una vida que puede ser calificada de “perfecta” y la verdad es que todos sabemos que la perfección no existe, y al menos yo, es algo que no tengo y que no quiero alcanzar en mi vida, porque en la medida que cometo errores tengo la oportunidad de hacerlo mejor la siguiente vez.

En diferentes círculos y con diferentes tipos de mujeres me doy cuenta del esfuerzo (exhaustivo) que muchas hacen para que su maternidad no solo sea perfecta, sino que realmente se esfuerzan para que luzca, para que se aplauda, así, muchas madres van por la vida buscando nuevas formas de ser madres en la perfección que se ve desde afuera, siendo que los hijos en realidad necesitan muy poco de eso. No es ningún secreto que los bebés y los niños necesitan a sus madres, sus brazos, su cara, su compañía, su atención y ojalá pudieran tener mucho de ello, pero si acaso tenemos que limitarlo por falta de tiempo, igual lo aman y lo disfrutan, los bebés y los niños no necesitan ciertas marcas ni cantidades de productos, ni repuestos de cosas y aditamentos que hagan mas sencillo su cuidado o su crianza, no necesitan fiestas temáticas ni un menú o un lunch distinto cada día, no necesitan que sus madres se dediquen solo a ellos en cuerpo y alma diluyéndose como mujeres o renunciando a todo lo que puedan gozar y amar.

Cada madre y cada padre queremos lo mejor para nuestros hijos, lo que eso signifique en nuestra forma de ser y estilo de vida, pero no se trata de competir con otras familias, con otros padres, porque eso también lo perciben los niños, se trata de cuidar y de criar desde la consciencia, orgánicamente según nuestro ritmo de vida, nuestras propias costumbres y nuestras creencias, no caigamos en la tentación de mimetizarnos para pertenecer, de querer que nuestros hijos sean iguales a otros niños o niñas, pues cada uno tiene su propio ritmo, su espíritu y si lo apagamos con nuestras necesidades para ser reconocidos, no podremos ver su brillo en todo su esplendor.

Me parece importante darnos cuenta de qué fácil resulta ahora que cada opinión, cada decisión, cada actividad que llevamos a cabo con y para nuestros hijos, se vuelve objeto de debate, muchas veces ni siquiera esperamos que alguien o nadie esté de acuerdo con lo que hacemos y/o decimos, y aún así resulta debatible y cuestionable, todo mundo opina… ¿En qué momento empezamos a necesitar el consenso o la aprobación de otros para llevar a cabo la crianza de nuestros hijos?, me sorprende tanto leer en foros y grupos virtuales de mamás en los que pedir un consejo de vez en vez no resulta suficiente, sino que se vuelven redes de respuestas y juicios absolutos sobre lo que otras madres resuelven o necesitan llevar a cabo con sus hijos… y es que no siendo suficiente con dividir los estilos (si acaso existen) de maternaje, entre las que practican o no el colecho, entre las que amamantan o no lo hacen, entre las que paren a sus hijos o las que los tienen por cesárea, entre las que prefieren entretenerlos con la televisión o las que no lo hacen, etc, etc., poniendo etiquetas sobre las madres para clasificarlas en “buenas” o “malas” o incluso “regulares”, no siendo que ya es suficiente paquete ser absolutamente responsable de la vida y bienestar de nuestros hijos, ahora parece un requisito mas agradar a los demás con el cuidado de ese hijo o hija.  

Personalmente me parece que resulta agradable y necesario descansar de estos esfuerzos y simplemente cuidar y criar a nuestros hijos buscando las respuestas y las soluciones primero en nosotras mismas, porque cada uno de nosotros (madres y padres) somos expertos en nuestros propios hijos, y lo que debe preocuparnos si acaso, es que ellos estén bien con lo que tienen y en la manera en que lo reciben y no criarlos con necesidades que van adquiriendo como propias pero que en realidad, vienen de nosotros, de nuestra necesidad de demostrar que somos mejores por dar una cosa u otra, que pocas veces tienen que ver con las necesidades emocionales del bebé o del niño.

Una madre o un padre que es feliz y que transmite felicidad tendrá naturalmente hijos felices, sin que ello tenga que ver con la perfección de dedicarse de manera absoluta a los hijos o de participar en mas actividades con ellos o para ellos o en mas actividades con otros padres de familia, o de satisfacer hasta el mas mínimo capricho propio o de los hijos, sino con la satisfacción personal de sentirse realizado y listo para cuidar y criar niños desde su sabiduría personal, basado en su estilo de vida y sus necesidades como familia y no para satisfacer a nadie ajeno a ese círculo.

Creo que vale la pena reconectar con una crianza simple y alejada de las complicaciones que son exigidas desde afuera y a las que voluntariamente nos sometemos para ser reconocidas como “super mamás”, que cuidan, crian, hacen todo manual, cocinan solo comida ultra sana, buscan pertenecer a grupos de madres y padres que se preparan para criar mejor con cursos de todo tipo, que tienen a los hijos en tantas actividades que no da tiempo de que sean ellos mismos y que descubran sus propios intereses, que planean fiestas perfectas temáticas que demandan horas de preparación y claro dinero de por medio, yo no digo que eso sea negativo, solo creo que resulta cansado (agotador en algunos casos…) y que no es necesario para ser mamás, porque ser madres ya es en sí mismo complejo, cambiante y retador, algunas veces lo haremos muy bien, otras veces no, pero nuestros hijos podrán vernos como personas falibles, que se equivocan y que retoman el camino, nos verán a veces cansados y hasta frustrados, pero convencidos de que podemos hacerlo mejor o diferente para lograr otros resultados, y no tendrán enfrente por padres un par de personas esmeradas hasta el extremo de cumplir con exigencias que ellos como hijos no imponen y que sean esas exigencias innecesarias las que cansen o frustren a los padres. 

Pensar en la maternidad (y en la paternidad) nos hace reflexionar sobre cómo hacemos las cosas, sobre lo que decimos y el cuando lo hacemos, sobre nuestra manera de actuar y de reaccionar, de nuestro hacer y nuestro no hacer…, y a veces solo reflexionar es suficiente para darnos cuenta de ciertas mejoras sutiles que podemos incorporar o de cambios necesarios por hacer, pero ello viniendo de nosotros mismos puede ser bastante revelador y libre de juicios, de esos juicios que permitimos a otros cuando ofrecemos nuestras elecciones personales como algo sujeto de debate.

Soy fiel promotora de una crianza en comunidad, en tribu, pero con intereses genuinos entre los adultos y en favor de los niños, sin competencias, sin etiquetas, sin exigencias que sobran. Estoy segura de que cada madre y que cada padre enamorado de sus hijos o hijas siempre tiene buenas intenciones respecto a sus hijos y eso debe bastar, si de cuando en cuando podemos y queremos dar algo extra: ¡vale! vamos, seguro que es bienvenido por nuestros hijos, pero recuerda que no es necesario y menos si ello no es una petición orgánica del niño, si es algo que queremos dar o hacer para seguir siendo calificados de “súper mamás” o de “súper papás”, ser fieles a nosotros mismos con nuestras capacidades y limitaciones y nuestros esfuerzos razonables enseñará a nuestros hijos que pueden esperar lo mismo de ellos y sobre todo que no tienen nada que demostrar hacia afuera, porque valen por ser ellos y no están a prueba.

Yo apuesto por una crianza que viene desde adentro, que nos es natural desde el punto de vista de lo que podemos dar sin llegar a sentirnos rebasados como personas, me hace feliz dedicarme a muchas otras cosas que no son solo mis hijos y no me da temor si alguien hace o no un juicio al respecto, soy la que soy como madre y quiero como muchas, o como todas lo mejor para ellos, y dentro de ello está el que yo sea y me sienta genuinamente feliz y en paz con mi maternidad. 

Karla Lara

Twitter de la autora: @KarlaDoula

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