Karla Lara

Respetemos la continuidad del nacimiento

  • Un nacimiento sano, no interrumpido, no intervenido, no violentado, tiene mayores probabilidades de ir seguido por una lactancia sana, no interrumpida, no intervenida, no violentada.

continuidad del nacimiento

Respetemos la continuidad del nacimiento… Nuestra naturaleza ha demostrado que existe una conexión mamá-bebé que permanece después del nacimiento, se ha observado que también hay una íntima relación entre la experiencia del nacimiento y de la lactancia, que puede en unos casos favorecer y en otros retrasar el establecimiento o no de la misma; con lo cual se comprueba que existe un “continuum” en favor del bebé, pues no son eventos separados entre sí, por el contrario son eventos fisiológicos interrelacionados.

Las mujeres somos mamíferas, por lo tanto, lo natural debería ser considerar las mismas reglas de no-interrupción del vínculo madre-hija/o como se observa en todos los demás mamíferos. Las mujeres como cualquier otro mamífero al dar a luz, al parir, necesitamos los mismos elementos esenciales que buscan todos ellos: intimidad, silencio, seguridad, comodidad, no interrupciones, no intervenciones, movilidad, fácil y continuo acceso a alimentos y bebidas, elementos que favorecen un parto seguro y saludable. En resumen, un nacimiento sano, no interrumpido, no intervenido, no violentado, tiene mayores probabilidades de ir seguido por una lactancia sana, no interrumpida, no intervenida, no violentada. 

Muchas mujeres y las personas que acompañan, atienden o son testigos de sus experiencias de nacimiento, a veces se preguntan en qué momento algo salió diferente a lo que se esperaba… y en muchos casos las repuestas van relacionadas con el trato, con las intervenciones y con las interrupciones que se hicieron al nacimiento y en las horas siguientes al mismo. Con esto no quiero decir que una mujer de parto no debe ser atendida, sino que debe recibir esa atención y cuidado de manera respetuosa, empática a sus necesidades físicas, emocionales…, con la consciencia de que todo lo que se hace en el nacimiento afectan positiva o negativamente a la madre y a su bebé.

Es verdad que existen factores de riesgo que pueden afectar la lactancia y que se practican, administran o suceden antes de que el bebé ha nacido o inmediatas al nacimiento, por ejemplo: mecánica del trabajo de parto (mala posición del bebé para nacer); uso de medicamentos y sustancias químicas que se administran a la mamá; lesiones en la madre o en el bebé; trato a la mamá durante el parto; trato a la mamá en el post parto inmediato, separación de la madre del bebé. Algunos factores adicionales de riesgo pueden ser (aunque no todos implican que la lactancia no se establezca exitosamente): Inducción del trabajo de parto; uso de epidural o bloqueo; cesárea; nacimiento instrumentado (fórceps o aspiradora); limpieza de vías aéreas del bebé al nacer mediante succión.

Procedimientos adicionales que pueden poner en riesgo la habilidad del bebé para mamar si son ejecutados antes de que el bebé sea amamantado por primera vez son: la separación mamá bebé por cualquier razón; pesar y medir al bebé sin dejar que tenga antes contacto con su mamá; inyección de vitamina K, circuncisión, hipotermia del bebé.

Lo opuesto a lo anterior, con la única intención de respetar la continuidad del embarazo, el parto y la lactancia es: un parto espontáneo, no medicalizado, vaginal, seguido de contacto inmediato piel con piel para un inicio de lactancia materna en la primera hora siguiente al nacimiento.

Muchos expertos en temas de embarazo y nacimiento consideran que los seres humanos nacen de manera prematura, pues al nacer no podemos desplazarnos por nosotros mismos y casi un año tras la salida del útero aún somos totalmente dependiente de nuestra madre y a esto se le considera como “exterogestación”, pues nuestra gestación continua de forma extrauterina. El bebé en el útero encuentra un ambiente líquido, confortable, con una temperatura constante, en el que la alimentación la recibe de forma continua sin esfuerzo y dónde los sonidos que escucha son los del cuerpo de su madre como su voz, los latidos de su corazón, los sonidos del sistema digestivo, etc., de forma directa y además de forma indirecta y a través de la columna de su madre los sonidos del exterior se filtran muy amortiguados por el cuerpo de ésta; del mismo modo los cambios de luz exterior también son muy sutiles pues la cantidad de luz que recibe a través del cuerpo materno es muy moderada. En el útero, el bebé está en constante movimiento, está siendo mecido continuamente porque incluso en los momentos de sueño o reposo de la mamá la respiración de ésta desplaza delicadamente el útero y además está en vertical y durante varios meses boca abajo. Una vez que el bebé decide (en el mejor de los casos) que está listo para nacer, experimenta en el exterior:

  • La necesidad de respirar y estrenar su sistema respiratorio,
  • Cambia la postura de su cuerpo para tener su cabeza arriba,
  • Experimenta la luz y los sonidos sin filtro alguno,
  • Siente hambre y sed.
  • Siente el frío y el calor y requiere aprender a regular su propia temperatura.

El efecto de todos esos cambios podría contenerse y ser menos violento si siguiéramos nuestro instinto haciendo lo que siempre se ha hecho ante el nacimiento de un bebé, olvidándonos de tanta intervención y prueba médica ante un hecho que no es una enfermedad y que solo en casos de complicación y especiales tendría que darse en hospitales tal como son hoy en día en el mundo occidental. Cabe decir que mi abuela parió 12 hijos completamente sanos en su casa y no hace tantos años… ¿Qué estamos haciendo mal para interrumpir ese bello “continuum”?

La autora estadounidense Jean Liedloff en su obra: “El Concepto del Continuum”, misma que escribió con la intención de documentar el modo de vivir de los Yekuana (población indígena Venezolana), en particular su estilo de la educación de los niños, propone que para alcanzar un óptimo desarrollo físico, mental y emocional, los seres humanos; especialmente los bebés; necesitan vivir las experiencias de adaptación que han sido básicas para nuestra especie a lo largo del proceso de nuestra evolución. Experiencias que dan continuidad a la vida que el bebé tiene dentro del útero, es decir; que preservan el contacto con la mamá, lo que le da seguridad y tranquilidad al bebé y lo que también incide en su salud, en su estado emocional y en su comportamiento. 

Para un recién nacido estas experiencias necesarias son: 

  •  Contacto físico permanente con mamá, papá (u otro familiar o cuidador/a) desde el nacimiento. Preferente si es contacto piel con piel.
  •  Dormir en la cama de los padres en permanente contacto físico hasta que el bebé decida lo contrario por sí mismo, lo que ocurre alrededor de los dos años. Esta práctica se conoce como “colecho”, pero también se considera cuando el bebé duerme en la misma habitación con los padres, aún cuando no sea en la misma cama.
  •   Lactancia materna a libre demanda
  • Permanecer constantemente en brazos o pegado/a al cuerpo de mamá o de otra persona hasta que el bebé comience a arrastrarse o gatear por sí mismo.
  •  Disponer de cuidadores/as que atiendan las necesidades del bebé (movimientos, llantos, etc.) sin emitir juicios ni invalidarlas.
  • Considerar y hacer sentir al bebé un ser inteligente, social y cooperativo. Es básico que el bebé sienta que es bienvenido y tenido en cuenta.

Los bebés cuyas necesidades continuum han sido satisfechas desde el principio a través de la experiencia “en brazos” desarrollan una gran autoestima y son mucho más independientes que aquéllos a los que se les ha dejado llorar solos por miedo a que se vuelvan unos “consentidos” o demasiado dependientes. ¿No es verdad que nosotros los adultos también nos sentimos más felices y contenidos cuando las personas que amamos nos procuran, nos atienden y nos entienden?… en la medida que respetemos la continuidad natural que implica el embarazo, el nacimiento, la lactancia, el post-parto y la crianza tendremos más madres y bebés felices, con experiencias positivas de nacimiento y de crianza que marcarán su forma de vida siempre para mejor.

Por nacimientos menos violentos, respetemos el “Continuum”. 

Twitter de Karla Lara: @KarlaDoula

Fuente:

“El Concepto del Continuum”, En busca del bienestar perdido. Liedloff, Jean.

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4 Comentarios

  1. Es tan cierto lo que comentas.
    Hace falta dejar que la naturaleza tome su curso. Sin embargo las mujeres solemos sentir temor a vivir la experiencia de la maternidad en su conjunto y esa inseguridad nos ha llevado a dejar en manos de terceros las decisiones que como madres nos corresponden.
    Esta desconexión con nuestro propio ser es el que nos ha llevado a embarazos, partos y crianzas intervenidas innecesariamente.
    Está en manos de nosotras mismas hacer un cambio para que nuestros hijos sean criados en la intimidad del hogar, basados en el amor y no en la duda de nuestras propias capacidades como mujeres/madres.

  2. La misma sociedad y los cambios que han tenido las mujeres que ya no se quedan en casa tambien son factores perjudiciales, teniendo que regresar a sus trabajos apenas a los 40 dias muy trizte

  3. Totalmente de acuerdo, necesitamos partos conscientes y naturales ya que es una experiencia que debe ser hermosa en vez de terrorífica. Yo vivo en Celaya Gto. sabes de alguna Doula y partera en esta región?

  4. Pues me encantq todo lo escrito aqui saben me hubiera.gustado tener un parto natural pero mi hijo tenia el cordon enredado y es dificil decidir entre arriesgarse atenerlo asi a permitir intervencion sin embargo una vez afuera he hecho lo posible por seguir con ese vinculo sobretodo en no dejar que 3ros intervengan desde.mi suegra que tanto se mete hasta mi esposo que respeta todas mis decisiones.

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