Karla Lara

No critiques a papá

  • Empecemos por reconocer que la paternidad es del papá. Estamos hablando de los padres. Lo resalto porque esta nota no es para las mamás que han suplido el rol del papá por cualquier circunstancia. Esta nota es sobre los padres que están con sus hijos.

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Cercanos al festejo de papá nuestra intención es reconocer a los papás involucrados e inmersos en la crianza amorosa de sus hijos. Esta vez, queremos hablar de las veces que bien o mal intencionadamente criticamos su actuar, su decir, su pensar… y es que también los papás tienen sentimientos que pueden resultar heridos frente a nuestras palabras y reacciones. Ojo que no me refiero solo a la crítica que podemos hacer de los padres de nuestros hijos, sino incluso a padres de niños que nos son ajenos y sobre lo cual, tenemos aún menos que opinar.

La paternidad ha cambiado y ha evolucionado en la manera en que los padres se relacionan con sus hijos e hijas. Cada día son mas los que se suman al cuidado de sus hijos, los que son cercanos física y emocionalmente, los que conocen y atienden sus necesidades, los que pasan tiempo con ellos y comparten todo tipo de actividades y papás que incluso, están en casa trabajando y compartiendo la crianza o bien, al cuidado exclusivo de sus hijos.

Empecemos por reconocer que la paternidad es del papá. Estamos hablando de los padres. Lo resalto porque esta nota no es para las mamás que han suplido el rol del papá por cualquier circunstancia. Esta nota es sobre los padres que están con sus hijos. Los papás no son sustitutos de las mamás, ni ejercen su paternidad “mientras” que mamá no está o cuando se ausenta y tampoco lo hacen por encargo. Papá no es una nana emergente, papá es papá y cuando tiene y existe una relación amorosa y comprometida con sus hijos, es insustituible. Los padres se conciben cuando existe conciben un bebé y nacen como tales junto con sus hijos. Cada nuevo hijo en la vida de un hombre representa una nueva forma de ser y de vivir en el mundo.

Otro punto importante es reconocer y aceptar que la paternidad tiene poco o nada que ver con la masculinidad. No se es más o menos hombre por tener hijos, sin embargo; si se es mejor persona cuando al tener un hijo se hace la elección de estar con él o con ella para ejercer, vivir y disfrutar la paternidad.

Ya enfocados en esto hay algunos puntos que debemos considerar antes de dar nuestra opinión sobre el actuar de un papá, algunos comentarios que podemos evitar:

Es verdad que las madres llegamos a sentir y a pensar que “nadie” puede cuidar mejor a nuestros hijos que nosotras, pero ello no nos concede la razón. Lo que hace un papá amoroso con sus hijos es igual a lo que hace una mamá. Lo hace pensando que lo hace bien y que es en favor de cuidarlos, crecerlos y procurarles bienestar. Si hay cosas que consideramos pueden hacerse mejor, debemos hablarlo en un momento diferente y a solas, con empatía y tranquilidad para exista comunicación. Piensa en cómo te gustaría que a ti te dijeran que hay algo que puedes hacer mejor respecto de tus hijos. 

Ten en cuenta las circunstancias. Las situaciones del día a día nos hacen (a todos: mamás y papás) tener que tomar decisiones especiales o fuera de nuestras rutinas. Si es verdad que los niños necesitan ritmo para sentirse seguros y felices, pero a veces es inevitable hacer ajustes y cambios y es importante ser flexibles en el pensamiento para que la crianza se facilite. Si es papá quien tuvo que hacer estos ajustes, reconoce que quizá fueron necesarios y apóyalo en sus decisiones.

Si la ropa no combina no es el fin del mundo. Muchas veces he escuchado la crítica seria y en broma de cómo puede vestir un papá a sus hijas e hijos, sobre cómo los peina, los zapatos que les puso, la combinación que eligió, etc., si, probablemente no todos los hombres tengan un sentido perfecto de la moda, pero muchas mujeres tampoco lo tenemos y un bebé o un niño no lo necesitan, lo importante es revisar si el bebé o el niño están vestidos para estar protegidos del clima, de las condiciones al lugar al que van, si están cómodos, y sobre todo, reconocer que al vestir a un bebé o a un niño el papá está pendiente de sus necesidades y hasta de sus gustos y no importa si nos gusta o no el resultado final, importa que papá lo haga porque quiere y porque puede y que sus hijos tengan ese momento con él.

No uses las palabras “siempre” o “nunca”. Esas palabras hacen que nuestras frases sean absolutas y la verdad es que nada lo es. Decir cosas como “siempre le das de comer eso” o “nunca estás”, etc., cualquier frase que resulte absoluta descalifica y a nadie nos gusta sentirnos así, probablemente papá no esté tanto como nos gustaría, pero quizá tampoco tanto como le gustaría a él mismo estar. Mejor hagamos propuestas para lograr mejores resultados y seamos honestas en reconocer que no todo puede salir bien siempre y que eso incluye lo que nosotras hacemos.

No infieras o digas que papá no sabe. Afirmar que papá no sabe es ofensivo. Probablemente no sepa como armar o desarmar una silla de comer o como poner un pañal a la primera, pero aprenderá igual que tu, en algunas labores será mejor, en otras puede ser que que te enseñe, si existe la posibilidad de aprender juntos hay que valorarla. Lo que se debe aprender sobre un bebé o un niño, lo realmente importante no se enseña y puedes dar por hecho que un padre lo sabe: abrazar, besar, arrullar, protegerlo del peligro, etc.

No uses a papá para controlar o manipular a tus hijos. Resulta tremendo usar la figura de cualquiera de los padres para corregir o controlar la conducta de los hijos. Papá igual que mamá quiere formar y guiar a su hijo, si lo convertimos en una figura que da miedo no se cumple el objetivo.  

No lo rescates, ni a él ni a tus hijos. Me refiero a la actitud que podemos tener cuando los hijos están o se quedan con papá y los escuchamos o vemos llorar, estar inquietos, gritar o hacer un berrinche y decimos o mencionamos “ya va mamá” o “ya llegó mamá” y los hacemos sentir que nosotras podemos resolver el tema. La crianza entre dos: papá y mamá puede ser mas sencilla y se trata de compartir y lograr un balance en las responsabilidades, pero la verdad es que los niños son y se comportan como niños, estén con mamá o con papá y es importante que en ambos identifiquen una figura de autoridad, de protección y esto no tiene que ver con castigos, amenazas o gritos, tiene que ver con las personas que los aman y saben lo que es mejor para ellos. Reconocer lo que papá hace y hacerlo frente a los hijos es un regalo para ellos y para nosotros.

Sus juegos son de ellos. Papá tiene una manera especial de relacionarse con sus hijos, mucho radica en el juego, la broma, el contacto físico y eso está bien. Podemos agorarnos el estar continuamente calificando su forma de hacerlo: “juegas muy brusco”, “lo jalaste muy fuerte”, “lo estás acelerando”, etc, puede ser verdad o puede ser nuestra interpretación, pero en todo caso si el hijo está feliz es lo que nos debe importar, sea niño o niña estos son los momentos que atesorará en su alma y en su corazón cuando vaya creciendo. Permite que establezcan esa mágica relación sin interferir y sin permitir que otros interfieran.

Deja que papá se exprese. Claro que los niños no necesitan escuchar todos nuestros diálogos de adultos, pero a veces pasará y escucharán cosas que probablemente no comprendan. Tampoco es el fin del mundo. Madres y padres somos personas falibles y a veces lo haremos mal, pero necesitamos tener contención en nuestra familia y que cada miembro de ésta sepa que somos un equipo y que estamos para amarnos y apoyarnos unos a otros. Que papá pueda decir lo que siente, lo que le gusta, lo que le incomoda, lo que le preocupa y lo que necesita es indispensable.

Reconoce lo que hace. No es una hazaña amar y criar a un hijo. Es una elección. Si lo hacemos desde el amor y la consciencia será todavía mejor y trascendente en la vida de ambos: padres e hijos. Reconocer esa elección amorosamente establece una mejor relación de pareja, además los hijos saben identificar cuando existe el amor y el respeto mutuo entre mamá y papá y lo van a replicar cuando crezcan. 

La lista puede ampliarse mucho mas estoy segura. Lo que me parece importante es reconocer y no criticar. Reconocer que la paternidad también tiene su carácter divino, sagrado, único e irremplazable. Los padres también son dadores de vida. Los papás también quieren lo mejor para sus hijos y lo dan todo por ellos. Los padres no son perfectos y tampoco invencibles, pero los hijos creemos que sí y eso les da un sentido de pertenencia y orgullo a muchos padres. Respetar sus formas y sus tiempos es importante, validar sus miedos y sus preocupaciones también. Verlo convertirse y evolucionar como padre es otra manera de conocer y amar a nuestra pareja y si por alguna razón no permanecemos juntos, jamás debemos olvidar que es el papá de nuestro hijo o hija y que eso merece nuestro amor, respeto y cuidado.

Papá es un eje en la vida de los bebés y de los niños. No lo podemos sustituir. Cuando los niños tienen a papá cerca de sus vidas y él está con amor, entrega y consciencia a su cuidado, los niños florecen y eventualmente darán frutos. Mi reconocimiento y mi aplauso en esta nota es para todos esos papás que aman desde la médula, desde el alma, desde el instinto, desde todas sus perspectivas, para todos los papás que dan la vida por sus hijos. Para los papás que saben lo que es arrullar y calmar un bebé o tener a un hijo enfermo, para los que dan de desayunar, comer o de cenar a un niño (aún cuando no es el propio); para los que bañan, duermen o acompañan una fiebre; para los que pasan tiempo de juego con sus hijos o los llevan y traen de tantos lugares, para los que conocen a sus amigos y saben sus colores o animales favoritos; para los que toman de la mano, cargan o corren detrás de ellos; para los papás que ejercen su imaginación al límite contando cuentos y haciendo caras o ruidos para sacarle una sonrisa a sus hijos; para los padres que se debaten en la toma de decisiones buscando lo mejor para sus hijos; para los papás que todos los días tienen en su mente a sus hijos no importa la edad que tengan o la distancia que los separe; para los que acuden y están para protegerlos; para los papás que lo son en el alma y el pensamiento aún cuando no ha nacido su propio bebé; para los que han sufrido la dolorosa pérdida de un hijo; para los padres que peinan, visten, limpian, escuchan, ríen, duermen y lloran con sus hijos y que en todo ello no están haciendo más que sembrar amor, seguridad y nobleza para los que algún día serán futuros padres.

 

 

Karla Lara

Twitter de la autora: @KarlaDoula  

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