Educación, Familia

¿Mi cerebro tiene fecha de caducidad?

  • Estudiar algo nuevo es ver las cosas desde otra perspectiva, es complementar el paisaje –no verlo desde la ventana sino abriendo la puerta entera-, es alimentar nuestro espíritu y mente.

¿Mi cerebro tiene fecha de caducidad?, ¿Terminaste la universidad hace 10 años o más y cada que piensas en estudiar algo nuevo la gente te desanima? Aquí tienes argumentos de peso para extender tu status de estudiante por el tiempo que tú decidas o para alentar a cualquier persona que esté pensando en comenzar un nuevo curso.

Recuerdo muy claramente la vez que mi madre me comento que le hubiese encantado estudiar algo, lo curioso es que ni siquiera recuerdo que era, pero lo que se quedó grabado en mi cabeza fue que cuando le dije que lo hiciera  -contaba con el dinero, el tiempo, todo…- ella me contestó que ya no estaba en “edad” para estudiar -habrá tenido unos 40-42 años-, que supuestamente ya no tenía lo que se necesitaba o que su cerebro ya no estaba acostumbrado a la escuela. Fue una triste sorpresa cuando me di cuenta que no era sólo la idea –o pretexto- de mi mamá, sino una fuerte y arraigada idea de dominio popular.

Si bien es cierto que la plasticidad cerebral y nuestras funciones cognitivas son más efectivas en determinados momentos de la vida, cierto es también que la voluntad, la disciplina y el ser organizado son mucho más importantes para lograr el éxito. Y no todo es ir contra reloj, tenemos también una lista sólida de ventajas cuando estudiamos después de los 30: primero, estamos más enfocados y aunque tengamos más responsabilidades también hemos dominado un sistema de organización, segundo, no nos dejamos arrastrar por distracciones banales, si estudiamos es por decisión y amor propio, no por cumplir con obligaciones o convencionalismos, y lo más importante tenemos un mejor autoconocimiento, sabemos nuestros alcances y capacidades así como lo que tenemos que cuidar o pulir de nuestras habilidades.

Y es que estudiar algo nuevo es ver las cosas desde otra perspectiva, es complementar el paisaje –no verlo desde la ventana sino abriendo la puerta entera-, es alimentar nuestro espíritu y mente.

¿Aún no te convences? Antonio Banderas recientemente estudió en Londres la carrera de Diseño de Indumentaria. Después de ganar un Premio de la Academia Denzel Washington quien había estudiado periodismo regresó a la escuela para estudiar Actuación. Steven Spielberg nunca estuvo satisfecho con su desempeño en la escuela al estudiar Cine por lo que se tituló en el año 2002 aunque ya contaba con un título honoris causa. Tyra Banks regresó a la universidad después de los treintas y a la edad de 38 años se graduó de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard. Y si estos ejemplos no son suficientes, ¿has oído hablar de “La abuela Moses”? Anna Mary Robertson Moses comenzó a pintar a los 78 años –aprendiendo a esa misma edad-  en 2006 una de sus pinturas fue vendida en 1.2 millones de dólares dejando un extenso legado, murió en 1961 a los 101 años haciendo lo que más amaba: pintar.

Esto habla de que la capacidad de aprender o comenzar cosas nuevas radica en nuestra fuerza de voluntad y ganas por alcanzar nuestros sueños. Además de mantener el cerebro activo es una de las recomendaciones más populares entre los neurólogos para prevenir el deterioro cognitivo y la senilidad.

Así que manos a la obra a desempolvar nuestro cerebro,  cuadernos y libros, ya sea por crecimiento personal o por salud recuerda que tu matrícula como estudiante puede durar toda la vida y que los límites te los pones tú mismo.

Mina Albert

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