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Los antidepresivos pueden matar el amor de pareja

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Las emociones forman gran parte de nuestra vida: pueden ser un motor de dirección hacia la motivación o a la inestabilidad. Y en caso en que nos sintamos abrumados por éstas, tendemos a buscar algún apoyo que nos permita salir de ese estado de vulnerabilidad: amigos, familiares, psicoterapeutas, psicofármacos, entre otros.

Hay ocasiones en que nuestra inestabilidad emocional se deriva por razones orgánicas, por lo que se necesita algún psicofármaco para mantenerse en equilibrio. En especial si se trata de síntomas asociados con la depresión y la ansiedad.

Para controlarlas, los médicos recetan los antidepresivos, bálsamos que forman parte de los tratamientos psicofisiológicos desde la década de los 50. Con base en su influencia sobre el sistema nervioso, estas pastillas cuentan con cinco tipos: los que inhiben los neurotransmisores (IMAOs, IRSSs e IRSNs), y aquellos que los desbordan dentro del cuerpo (tricíclicos y NaASEs). Básicamente, los antidepresivos se encargan de controlar la excesiva o insuficiente producción de serotonina o de norepinefrina en el cuerpo.

Desgraciadamente estos fármacos no siempre tienen un resultado eficaz, ya que terminan afectando, en su mayoría, otros aspectos: la percepción, la orgánica, la sexual, la emocional. Y, de acuerdo con un estudio publicado en Journal of Affective Disorders,  también afecta a nivel sentimental.

El Dr. Hagop S. Akiskal, autor de la investigación y profesor de psiquiatría en la Universidad de California, se dedicó a comparar los efectos de los antidepresivos IRSSs y tricíclicos en la sensación de amor de 192 personas, de 41 años, con depresión (123 mujeres y 69 hombres). Cada participante había estado en una relación amorosa entre siete meses  y 26 años.

Daniel Lobo / Flickr / https://www.flickr.com/photos/daquellamanera/
Daniel Lobo / Flickr / https://www.flickr.com/photos/daquellamanera/

Llenando un cuestionario, los investigadores examinaron los sentimientos de amor, filiación y atracción sexual hacia sus parejas (a través de sus relaciones) en el antes y después de los antidepresivos.  

El resultado fue increíble: los participantes que consumían IRSSs, tendían a sentirse menos unidos a los pensamientos y sentimientos de su pareja, además que dejaron de considerar que el amor de su pareja duraría para siempre. Inclusive dejaban de pedirle ayuda y apoyo a sus parejas. Por el otro lado, las mujeres que tomaban tricíclicos tendían a quejarse más de los disturbios en su vida sexual (en comparación con los hombres que consumían los mismos fármacos).

Akiskal explica que un médico debe comprender las necesidades fisiológicas, emocionales, sociales, sexuales y sentimentales de un paciente; mientras que un paciente requiere explicar sus sensaciones tanto orgánicas como emocionales en relación con los fármacos. “Las buenas noticias es que hay una gran variabilidad de agentes para tratar la depresión.” 

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