Crianza, Educación, Familia, Ser Padres

La presencia de papá en las labores domésticas alienta la ambición profesional de las niñas

  • Es indispensable una educación equitativa dentro de la atmósfera familiar, que va más allá de las palabras. Una educación con base en las acciones.

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¿Quién hace el aseo en la casa: la mujer o el hombre? ¿Quién se encarga de poner la mesa antes de comer, y levantar los platos al terminar? ¿Quién lava los platos sucios o la ropa del hogar? ¿Quién cocina?

Estas preguntas, por más insulsas que parezcan, son importantes para la atmósfera familiar. La manera en que se respondan van a influir tanto en la educación como en la expectativa de vida de los hijos. Quizá, sin darnos cuenta, estamos enseñando a nuestros hijos a repetir roles de género sin cuestionárnoslos. 

De acuerdo a un nuevo estudio, publicado en el periódico Psychological Science, la presencia doméstica de la figura paterna influye en la ambición profesional de sus hijas. Es decir que, las mujeres que vivieron con un padre que compartía quehaceres domésticos con su pareja, tienden a aspirar a ser menos tradicionales, potencialmente más lucrativas, y a dedicarse a profesiones complejas. 

Alysaa Croft, investigadora y candidata de la Universidad de Columbia, explica que estas actividades paternales son momentos clave durante la formación de la autopercepción, de actitudes y roles de género, así como en las aspiraciones del niño: “La manera en que los padres responden a sus deberes domésticos parece jugar un papel único de un guardián.”

Es decir que las acciones marcan más diferencia que las palabras. Y esa distinción sugiere que las niñas crecen con objetivos más ambiciosos, dentro de un hogar donde se comparten los quehaceres de manera equitativa:

A pesar de nuestro mejor esfuerzo en crear trabajos equitativos, las mujeres siguen manteniéndose por debajo de las posiciones de liderazgo. […] El estudio es importante porque sugiere que, al conseguir un equilibrio de género en el hogar, podemos inspirar a mujeres jóvenes a que alcancen metas altas en sus carreras, de las cuales han sido tradicionalmente excluidas.  

La investigación se llevó a cabo con 326 niñas, entre siete y 13 años de edad. Para cada familia, los investigadores calcularon la incidencia entre los deberes domésticos y los económicos. De ese modo también se determinaron las carreras estereotipadas donde los integrantes identificaron las actitudes del trabajo con respecto a las cuestiones de género, así como las aspiraciones de los niños. 

Como era de esperarse, las tareas domésticas y el cuidado de los niños se encontraron ligadas mayoritariamente a las mujeres. Por ello, Alysaa Croft recalca la importancia de ejercer actividades relacionadas con la equidad de género, y no sólo hablarlo “porque las hijas, evidentemente, están observando.” 

De acuerdo con la doctora, las niñas deberían aprender desde pequeñas a escoger roles adicionales, y no sólo roles diferentes entre sí. Por consiguiente es indispensable una educación equitativa dentro de la atmósfera familiar, que va más allá de las palabras. Una educación con base en las acciones. 

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