Crianza, Educación, Espiritualidad

La magia de la infancia

  • Cada vez que tengo tiempo de sentarme, reflexionar y escribir, tengo la necesidad de dirigirme a Los Padres, educadores y personas que en general están al frente de la Educación.

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“El trabajo del maestro no consiste tanto en enseñar todo lo aprendible, como en producir en el alumno amor y estima por el conocimiento.“ John Locke (1632-1704) Filósofo inglés.

Cada vez que tengo tiempo de sentarme, reflexionar y escribir, tengo la necesidad de dirigirme a Los Padres, educadores y personas que en general están al frente de la Educación.

Una Educación  que nos demanda una profundidad de pensamiento y un corazón abierto para sentir y comprender más allá de los paradigmas que cada día se nos presentan…

La sociedad, ha ido alimentando lo que es  la competencia, las carreras…, la obsesión de los padres para que sus hijos alcancen unas habilidades específicas que garanticen ser alguien “exitoso” en la vida. Se nos olvida, como sociedad y como educadores, que los niños no valen por una nota escolar, no valen por el conocimiento machacado, ni por tener más información…, nuestro empeño de priorizar los resultados, presionando y exigiendo más de lo que puede o necesita, nos lleva a  descuidar las habilidades para la vida, demeritando así su esfuerzo, disminuyendo su luz y autoestima.

El valor de nuestros infantes es el de pequeñas personitas que necesitan que los amemos de manera independiente, no se definen por sus logros o por sus fracasos sino por ser ellos mismos, únicos por naturaleza.  Como niños no somos responsables de lo que recibimos en la infancia pero, como adultos, somos totalmente responsables de arreglarlo.

Cada  persona es única e irrepetible, cada uno trae consigo sus propias potencialidades, herramientas e inteligencias a desarrollar, su propio ritmo e intereses singulares… Y esto parece estar claro… ¿¿¿Será????

Establecemos  una serie de reglas para educar a todos nuestros niños, niveles y estrategias…

Realmente este es un error muy extendido y que no es para nada congruente con lo que creemos tener claro (que cada persona es única e irrepetible). Por lo tanto no es de extrañar que la  participación  de nuestra creencia y nuestra acción resulte conflictiva en la educación.

Por otro lado, tal y como afirma Kyme Payne profesor y orientador estadounidense, estamos criando a nuestros niños en el exceso de, concretamente, cuatro pilares:

Demasiada información.

Demasiadas cosas.

Demasiadas opciones.

Demasiada velocidad. 

Estamos impidiéndoles explorar, reflexionar o liberarse de las tensiones que acompañan a la vida cotidiana. Estamos atiborrándolos de tecnología de juguetes y de actividades escolares y extraescolares, estamos distorsionando la infancia y, lo que es más grave, estamos impidiéndoles jugar y desarrollarse.

Cada día más exigencias, etiquetas y nuevas razones para llevar a los niños a las terapias y psicólogos.

En la actualidad, los niños pasan menos tiempo al aire libre que la gente que se encuentra en prisión. ¿Por qué? Porque los mantenemos “entretenidos y ocupados” en otras actividades que creemos más necesarias, intentando que se mantengan impecables y no se manchen de barro. 

¿Que estamos esperando de estos niños?

¿Cuales son nuestras expectativas?

¿Porqué no nos damos cuenta de lo que los estamos privando y dando de más?

  • El exceso de higiene aumenta la posibilidad de que los niños desarrollen alergias, más enfermedades. Privándolos de un desarrollo natural auto inmune.
  • No permitirles disfrutar al aire libre es una tortura que encarcela su desarrollo y potencial creativo. 
  • Mantenerlos pegados a la pantalla del móvil, de la tablet, o computadora  o de la televisión es altamente perjudicial a nivel fisiológico, emocional, cognitivo y mental.
  • Aumentarles tiempos de tareas escolares fuera de la escuela, limita su creatividad, reduce su libertad de explorar y experimentar la vida.
  • No dar espacios de reflexión, meditación, silencio y observación limita su crecimiento y desarrollo como persona.

Podríamos seguir, pero realmente llegados a este punto creo que la mayor parte de nosotros ha encontrado ya innumerables razones que justifican que estamos destruyendo la magia de la INFANCIA… y cierro con esta frase que enmarca toda una sabiduría profunda, llena de sensibilidad y conocimiento…

Afirma  el educador Francesco Tonucci:

“La experiencia de los niños debería ser el alimento de la escuela: su vida, sus sorpresas y sus descubrimientos. Mi maestro siempre nos hacía vaciar los bolsillos en clase, porque estaban llenos de testigos del mundo exterior: bichos, cuerdas, cromos, boliches… Pues hoy deberíamos hacer lo contrario, pedirle a los niños que muestren lo que llevan en los bolsillos. De esta forma la escuela se abriría a la vida, recibiendo a los niños con sus conocimientos y Trabajo Alrededor de ellos’

Esta, sin duda, es una manera mucho más sana de trabajar con ellos, de educarles y de garantizar su éxito. Si en algún momento se nos olvida esto debemos mantener muy presente lo siguiente: “Si los niños no necesitan meterse urgentemente en la bañera, es que no han jugado lo suficiente“. Esta es la premisa fundamental de una buena educación.

Amo estas palabras de Francesco Tonnucci

Realmente me inspiran, me llenan de esperanza  y me invitan a seguir luchando y creciendo en el campo de la educación. Seguir trabajando para la próxima generación, inspirando y tocando madres, educadores y a cualquier persona que quiera estar y ver un mundo mejor. ¡Con mejores seres humanos preparados para responder a la vida!

Y no reaccionar o simplemente pasar materias o notas en la vida.

Esther Fasja 

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