Familia

La inclusión social desde el corazón de la familia

Durante los últimos años los gobiernos del mundo han reforzado su labor por sensibilizar, concientizar y coordinar estrategias en pro de la inclusión. El camino para llegar a ser una civilización más justa y tolerante aún es largo y a momentos pareciera estar lleno de obstáculos, pero no podemos dejar todo en manos de los gobiernos o de las escuelas, los valores se construyen y enseñan en casa.

Comencemos por entender el término de inclusión social:

La inclusión social es la tendencia a posibilitar que personas en riesgo de pobreza o exclusión (migrantes, refugiados, discapacitados, etc.) tengan la oportunidad, herramientas y medios para desarrollarse dentro de la sociedad de manera plena y activa.

Hace algunos años las escuelas realizaban una serie de exámenes de admisión y únicamente si el candidato pasaba una serie de filtros era admitido, hoy en día las instituciones educativas están buscando la inclusión y en lugar de exámenes de admisión se realizan exámenes diagnósticos para ubicar las competencias que domina el candidato y poder proponer una estrategia en conjunto con los padres de familia para regularizar o alcanzar los aprendizajes necesarios para el grado a cursar.

En el ámbito laboral también se ha avanzado. Algunas cadenas de comida rápida contratan a personas con síndrome de Down, e instituciones gubernamentales emplean a personas con ceguera, sordera o alguna discapacidad física. Afortunadamente hoy en día se trabaja desde muy temprana edad para rehabilitar y proporcionar a las personas con alguna discapacidad a desarrollar sus propias herramientas para lograr una vida autónoma y funcional.

Trabajemos la inclusión desde casa, comenzando por limpiar nuestras palabras, no usamos los términos está ‘malito’, inválido -sin valor-, minusválido -menos valor- nos referimos a ellos respetuosamente con los términos políticamente correctos que son discapacitado -capacidades diferentes- o con necesidades especiales.

Si en nuestra familia alguien tiene alguna discapacidad no limitamos su participación, lo apoyamos para que se valga por sí mismo y le asignamos responsabilidades como a cualquier otro miembro de la familia. Recordemos que el sentirnos útiles y necesarios es fundamental para una autoestima saludable.

Nuestra participación como sociedad debe ser activa, respetemos los lugares asignados en estacionamientos, cines, teatros y demás lugares públicos, evitemos estacionarnos en rampas y lugares que dificulten el paso, aunque se crea que será muy rápido y que no dañamos a nadie.

Seamos un ejemplo para nuestros hijos, comencemos por practicar estas sencillas acciones y ellos las seguirán. Seamos tolerantes y generosos. Procuremos ayudar, adoptemos una cultura y filosofía altruista, no por caridad sino porque donando y aportando algo a la sociedad nos estamos regalando el ser mejores seres humanos, mejores padres y por lo mismo dejando mejores hijos para un mundo en donde la inclusión social, el amor, la tolerancia y la equidad serán los pilares de las familias y las naciones.

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