Karla Lara

La importancia y experiencia del nacimiento

  • Sabemos que el momento del nacimiento representa el desprendimiento del cuerpo materno, que significa el inicio de nuestra vida independiente de la fuente.

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“Más que humanizar el parto, hay que mamiferizarlo” Michel Odent. 

Por importancia se entiende la cualidad que hace a una persona o cosa tener una influencia, valor, magnitud o interés superior a las demás: el nacimiento importa tanto que nuestra forma de nacer nos afectará toda nuestra vida. El nacimiento es importante para el bebé, para su mamá; para su papá, para la familia que lo espera y para todas y cada una de las personas que serán testigos de su nacimiento y eventualmente, para quienes escuchen esa historia. 

Sabemos que el momento del nacimiento representa el desprendimiento del cuerpo materno, que significa el inicio de nuestra vida independiente de la fuente, es el momento en el que nos llevamos la primera impresión del mundo que nos recibe. Para cada mamá, la manera en que nacen sus hijos representa un momento transformador que moldea su ser hasta lo más profundo de sus emociones y que sacudirá cada unos de sus conceptos previos sobre el nacimiento hasta que tenga su propia experiencia. Incluso, la percepción que cada mujer tenga sobre su propio cuerpo y sus habilidades o capacidades cambiará dependiendo del trato que reciba durante el embarazo y el nacimiento de su bebé.

El embarazo representa un viaje emocional, una travesía que se recorre en la profundidad de nuestras ideas, de nuestros sentimientos, de nuestros sueños y que va más allá de los cambios físicos y hormonales que se conocen, es una oportunidad irremplazable de reconocer nuestra naturaleza femenina y sagrada para dar vida y que merece ser reconocida también por las personas que nos rodean.

Así, la experiencia del nacimiento puede representar un momento positivo y empoderante seguido de un estado de euforia, alegría, seguridad y emociones de bienestar que no serán olvidadas, o por el contrario; un momento de miedo, de angustia, incluso de sometimiento, un recuerdo que se querrá evitar en el futuro y ambas situaciones dependen de la manera en que las mujeres somos tratadas durante nuestro embarazo y en el momento del nacimiento de nuestros hijos. Existen entonces diferentes consecuencias o “efectos” del nacimiento para cada mamá y su bebé y que dependerán de muchos factores como estilo de vida antes y durante el embarazo, estado de salud antes y durante el embarazo, opciones de atención y cuidados que se puedan elegir o a los que se tenga acceso, etc., con lo cual puede sentirse lista y contenta con la llegada del bebé, recuperarse fácilmente y aceptar los cambios y ajustes que implica su maternidad o bien, sentirse física y emocionalmente mal, incluyendo la posibilidad de caer en una depresión post parto que muchas veces impide ocuparse del cuidado del bebé.

No todas las personas, pero más triste aún, no todas las mujeres creen que se puede tener una experiencia positiva de nacimiento y que además se puede disfrutar incluso si no hay anestesia o analgesia de por medio, claro que cada mujer es distinta respecto a sus creencias sobre el embarazo y el parto y su tolerancia a la incomodad es variable, pero es importante que se sepa que el nacimiento puede ser un momento maravilloso, que no sea la experiencia excepcional de unas pocas mujeres sino la regla. Es un tema que debemos compartir con nuestras niñas desde pequeñas, para que lo vayan absorbiendo naturalmente como parte de su educación sexual, es un tema que también debemos compartir con nuestros niños. El nacimiento es un momento irrepetible, solo nacemos una vez y deberíamos todos de cuidar y venerar ese momento convencidos de que nuestra sociedad puede cambiar y ser menos violenta, mas amorosa y mas empática si cuidamos la manera de nacer.

La naturaleza dicta que el parto vaginal es lo normal para nosotras las mamíferas. Pero en una sociedad que se beneficia de los avances tecnológicos es necesario recordar que la misma naturaleza sabe cómo dar luz a cada bebé fuera del cuerpo de su madre y que podemos usar la tecnología y avances de la medicina en nuestro favor cuando es necesario, pero que debemos también, sí, “debemos” permitir a la naturaleza que tome su curso y escuchar y observar nuestro cuerpo y reconocer que el nacimiento es importante en muchísimos aspectos.

El embarazo no es una enfermedad y no debe ser tratado como tal, no debería de ser medicalizado en la mayoría de los casos. Es un evento fisiológico de la esfera sexual femenina que tendrá normalmente una culminación natural e involuntaria cuando sucedan una serie de eventos conectados entre sí y siempre que no sean interrumpidos. Desafortunadamente saber esto no es suficiente, se requiere confianza en el proceso y esa confianza puede lograrse por diferentes medios: desde la conexión humana mamá-bebé desde el embarazo, hasta la información que se obtenga y eso es responsabilidad de cada uno de nosotros.

La influencia de cada experiencia de nacimiento impacta poderosamente a nuestra sociedad. La información que compartimos entre nosotras de boca en boca impacta nuestra manera de pensar alrededor del embarazo y del parto. Puede ser sutil y a veces casual la manera en que se comparten las historias de nacimiento entre mujeres, entre profesionales de la salud, entre las personas en general, pero el efecto es profundo y es que a pesar de toda la información disponible que existe hoy, el nacimiento sigue siendo un momento íntimo, privado emocionalmente hablando y en el que desafortunadamente también, no participamos de manera colectiva como comunidad, es un momento que puede incluso resultar aislante si no estamos compartiendo con otras mujeres o parejas que esperan un bebé dentro de nuestro círculo familiar, laboral o de amigos. Por esto las mujeres necesitamos tener, compartir y escuchar mejores historias de nacimiento, que sean positivas, que nos ofrezcan opciones, incluso que sean interculturales para conocer todas las posibilidades que existen para tener un bebé de manera natural sin que exista peligro para la madre o para el bebé cuando todo está bien.

Contar historias y escuchar historias es una forma de aprendizaje a través de los tiempos, porque aparecen disponibles también las emociones, los sentimientos, nos revelan lo que la ciencia o la tecnología a veces omiten: el comportamiento humano. Cuando se trata de nacer, el comportamiento humano es trascendental. Porque somos mamíferos programados ancestral y naturalmente para el nacimiento de nuestros hijos y es importante que rescatemos esa sabiduría y conocimiento de nuestras historias y de las de los demás. Habrá historias que nos acerquen a posibilidades que antes no hubiéramos considerado, otras que nos abran los ojos a cosas que nos pasaban desapercibidas, otras más que nos alerten para tomar o no ciertas decisiones, lo cierto es que cada historia nos aportará algo sin duda y para escuchar mejores historias necesitamos mejores nacimientos y ¿porqué no?, también mejores estilos de vida de las madres antes, durante y después del embarazo y mejor atención profesional. 

Más no es mejor, ni antes tampoco. Debemos respetar el proceso y el tiempo natural del embarazo y del nacimiento siempre que sea posible, eso es respetar su ecología y su naturaleza. Claro que nos puede chocar escuchar preciosas historias de nacimiento llenas de amor, de intimidad, de pasión y alegría desbordantes y hasta de placer y gozo sexual…, yo me pregunto ¿Porqué es más difícil creer que un nacimiento así es posible casi siempre, y no creer que el parto debe doler, o ser difícil, etc?. Yo reconozco de manera absoluta que hay experiencias difíciles y hasta traumáticas de nacimiento, llenas de complicaciones y en las que no hubo opciones para hacerlo diferente y es por eso que tener mejores experiencias de nacimiento y contarlas puede hacer la diferencia e incluso sanar esas heridas abiertas aún cuando sean ajenas, porque las mujeres en la maternidad somos tribu, somos todas co-madres dadoras de vida y cuando otra mujer goza y disfruta su embarazo y su parto me enseña que puede ser diferente, que puede ser mejor, y si yo no lo tengo o no lo tuve, lo puede tener mi hija, o mi nuera o mi sobrina…, por eso las mujeres debemos enseñar a las niñas que el nacimiento es normal, bello, transformador y hasta placentero. 

El embarazo y el nacimiento son eventos de la esfera sexual de la mujer, requieren intimidad, calidez, respeto y buen trato, si queremos lograr cambios deberíamos incluirlo como parte de la formación sexual de nuestros hijos e hijas con esta carga emocional y no solo anatómica o fisiológica, no como tabú sino como una evolución en nuestro crecimiento como seres humanos, para que no sea un hecho rodeado de dudas, sino de luz y de información, en la que pueda usar no solo los consejos médicos o de profesionales de la salud, sino mi intuición, mi sentido común y los consejos de mi madre, amiga, hermana o prima…, para respirar, para organizar mis ideas y sentimientos cuando sienta la primera contracción, para apoyarme de otra mujer que haya hecho ese viaje antes que yo, para reconocer en mí lo que escuché de alguien mas y sentirme segura con

los ritmos y señales de mi propio cuerpo, para establecer una comunicación no verbal con mis sentimientos, con mi bebé por nacer, con mi pareja, con las personas que estarán a mi alrededor al dar a luz.

Existe un componente espiritual y divino al momento de nacer y es innegable. No pertenece a la religiosidad sino a la magia de concebir y de dar vida, ante eso, todos debemos hacer una reverencia. El nacimiento es importante. Es trascendente. Es vital. Encontrarnos con el espíritu de la mujer de parto, con el espíritu del bebé por nacer, con el espíritu de quienes atienden y acompañan ese nacimiento y honrar el momento entre todos, dar la bienvenida a la vida de manera respetuosa y alegre es lo que debería suceder en cada nacimiento, con admiración y reconocimiento, celebrando y cuidando, no hablo de algo excepcional para algunas mujeres, sino para todas, para que sea lo esperado no importa cómo o dónde nazca un bebé. Así sea un nacimiento a la vez podemos cambiar el mundo, no es un pensamiento romántico, es un pensamiento de paz y de evolución y de inteligencia emocional.

El nacimiento importa… e importa mucho mas de lo que creemos. 

Karla Lara

Twitter de la autora: @KarlaDoula 

Referencia: “Birth Matters, a midwife manifesto”, Gaskin, Ina May, 7Seven Stories Press

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