Crianza, Familia, Salud

La importancia de las caricias y los abrazos en los niños

  • La carencia de caricias, abrazos, palabras positivas, contacto físico o besos afectan el desarrollo saludable de los niños y sus capacidades para relacionarse emocionalmente en el futuro.

La importancia de las caricias en los niños… ¿Cuántas veces te es irresistible acariciar a tu bebé, a tus hijos, a tu pareja?…  Que no. Que los niños no se acostumbran a los brazos, que nacen acostumbrados. Los abrazos son una  necesidad básica de aportar seguridad y reconocimiento al bebé. Es que basta ya de reprimir constantemente ese deseo o instinto natural que te impulsa a cargar, abrazar y besar a los que amas. Consiéntelo en amor tanto como quieras, porque es verdad que demasiado amor nunca ha dañado a nadie.

Las caricias, el contacto, el tiempo “piel con piel” (incluyendo al papá) potenciará el desarrollo físico, emocional y mental de todo bebé o niño. El contacto piel a piel refuerza el sistema inmunológico. 

Acariciar y besar a tu pequeño es un impulso muy saludable para los dos: 

Para ti, porque al exteriorizar estas muestras de cariño, refuerzas más tu instinto maternal (o paternal), lo que te ayudará a asimilar mejor el cambio tan grande que ha dado tu vida y te permitirá gozar de una maternidad (o paternidad) más enriquecedora. Y para tu hijo, porque recibir estos contactos le ayuda a sentirse más a gusto en su nuevo ambiente y aumenta su confianza en ti. A su vez, esta agradable sensación de sentirse querido le relaja y facilita el funcionamiento de sus sistemas digestivo e intestinal, lo que se traduce en un mayor crecimiento.

El contacto físico favorece la conexión neuronal. El abrazo también ayuda a fortalecer el sistema inmunológico y transmite calma.

Los niños seguros que se sienten reconocidos y valorados a través del afecto de los abrazos, de las caricias y de las palabras positivas, obtienen el aliento necesario para abrirse paso por el mundo con una mejor autoestima.

Es importancia del contacto físico en la crianza del niño para desarrollar emociones positivas en él y en la relación que tiene con los demás. La carencia de caricias, abrazos, palabras positivas, contacto físico o besos afectan el  desarrollo saludable de las personas y a futuro en algunas niños se manifiesta en bloqueos emocionales para relacionarse afectivamente con los otros. 

  • Cuando el niño solicita afecto del adulto por medio del llanto, o demuestra conductas agresivas como manifestación para llamar la atención y el adulto no responde, estos sentimientos generan estrés en el cerebro del pequeño.
  • Un niño que no es abrazado, desarrolla un sistema inmunológico más débil. Además, sus estructuras cerebrales estarán marcadas por la ansiedad y la desprotección.
  • El contacto físico favorece la conexión neuronal. A más caricias, más abrazos y más palabras amorosas, daremos paso a un mayor tejido neuronal y a estructuras cerebrales que se desarrollan más rápido.

De ahí la importancia ofrecer todo el contacto físico que te sea posible en esos primeros años de vida de tu hijo, alumno, o familiar. La unión que estableces con ellos va más allá de la piel, es la magia de los sentidos que edifican puentes para que el niño, el día de mañana, se sienta más seguro, más feliz.

Las caricias y los abrazos son gestos terapéuticos cargados de significado:

Los abrazos relajan: Cuando te abrazan con intensidad nuestro cerebro segrega oxitocina. Esta hormona regula los estados de tristeza, es la denominada hormona del amor, tiene un efecto calmante en los niños y adultos y aumenta nuestras defensas naturales.

No es necesario que un niño llore, o esté irritado, para que lo abracemos y se calme. Cualquier momento es bueno para la caricia, el beso o el abrazo, el intervenir con abrazos conductas agresivas van ayudar a que el niño las disminuya y busque otra manera de solucionar sus problemas.

Los abrazos tiene más poder si vienen de parte de personas significativas: sabemos que cuando los niños se hacen mayores ya les molesta un poco este tipo de gestos. Reclaman independencia y ven estas muestras de afecto como algo reservado a la infancia.

  • Aunque los eviten, en su interior los siguen agradeciendo. Les demostramos que los queremos, que les damos valor como persona y que los reconocemos como parte importante de nosotros mismos. De nuestra familia.
  • Algo que debemos tener en cuenta es que un abrazo tiene más poder si nos lo ofrece alguien a quien amamos. Un niño agradecerá un abrazo de su maestra, pero los padres ofrecen mayor calma, mayor emoción.
  • Una forma en que nuestros niños van a integrar el buen hábito de dar abrazos, es que los vean día a día en casa. Deben ser algo normal y cotidiano.

Abrazos para disuadir miedos

Vivir un mal día, tener una pesadilla, mostrar inseguridad, temor, tener dudas, tener frio, sentir inquietud… Cualquiera de estas dimensiones puede ser aliviada y apagada con los abrazos.

  • El desarrollo emocional de un niño suele atravesar muchas de estas situaciones. En ocasiones, nosotros no nos damos cuenta de que han tenido un mal día en el colegio, o de que viven una etapa de celos, o de inseguridad.
  • Por ello, en ocasiones, el poder de un abrazo es superior a una palabra. No dudes en abrazarlos cuando lo necesiten o cuando veas que se apagan sus sonrisas. Al instante notarás cómo cambia su expresión, y cómo se desaparecen esas sombras momentáneas que todos tenemos.

Se sabe, por ejemplo, que si para todos los niños es importante el contacto físico, para los prematuros resulta vital. Y es que los bebés prematuros que son acariciados por sus padres con frecuencia, aún en la incubadora, ganan peso con más rapidez que los niños en la misma situación que no disfrutan de estos contactos.

Las caricias resultan muy efectivas para mejorar la inteligencia del bebé.  Uno de los estudios más determinantes sobre este aspecto se llevó a cabo hace algunos años en el Líbano, en el orfanato de Creche. En este centro los niños estaban bien atendidos: seguían una dieta adecuada, dormían las horas que necesitaban, vestían bien… Sin embargo, como sólo había una cuidadora para cada 10 pequeños, apenas recibían estimulación: jamás les acariciaban, ni los cargaban…Y, curiosamente, presentaban importantes retrasos en su desarrollo cognitivo.

En comparación con otros niños de su edad que sí habían recibido muestras de afecto, tardaban mucho en aprender habilidades nuevas: ninguno se sentaba antes de cumplir el año (lo habitual es hacerlo entre los 6-8 meses), no caminaban hasta los cuatro años (la mayoría lo hacen entre los 12 y los 14 meses), hablaban poco y mal…

Otros estudios recientes sobre el sentido del tacto revelan que las personas que no son acariciadas de bebés, acarrean carencias afectivas de por vida. Incluso algunos especialistas aseguran que la depresión puede proceder de esa falta de contacto corporal afectivo en edades tempranas.

¿Ya acariciaste o abrazaste a tu hijo hoy?

 

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