Salud, Salud Alternativa

La impaciencia y el estrés dañan tu vida

  • “La gente parece querer todo para ayer. Quiere que las cosas se hagan cada vez más rápido. La tolerancia de todos se ha reducido al mínimo”

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La impaciencia y el estrés pueden afectar tu vida, tu corazón e incluso tu peso… Tal vez es parte del siglo XXI, el ritmo de vida se ha acelerado por completo. Las agendas están llenas, el tráfico es cada vez peor y nos impacientamos hasta porque el internet se tarda unos segundos extra en cargar una página.

“La gente parece querer todo para ayer. Quiere que las cosas se hagan cada vez más rápido. La tolerancia de todos se ha reducido al mínimo”, dice Daniel Baugher, de la Universidad Pace en NY, quien ha estudiado psicología social.

Pero estar constantemente impaciente o angustiado (aunque en nuestra mente se encuentre en segundo plano) puede conllevar consecuencias a la vida y a la salud. “Ser impaciente puede causar ansiedad y hostilidad”, dice Baugher, “y si estás constantemente ansioso, tu sueño se puede ver afectado”.

Eso no es todo, si estas actitudes se asimilan a tu personalidad desde una edad temprana, los riesgos son mayores. Esto es importante de explicar a los niños, acostumbrados a usar gadgets cada vez más rápidos, y que hacen berrinches cuando la red es más lenta.

Un estudio, publicado en el Journal of the American Medical Association, encontró que las personas más hostiles e impacientes entre sus 18 y 30 años, son más susceptibles a desarrollar problemas de presión más tarde en su vida.

Todo es una cadena, al principio pequeña, y cada vez más grande, la impaciencia lleva a la ansiedad y eso puede provocar estrés. El estrés provoca que el cuerpo libere hormonas como adrenalina o cortisol.

“Cuando estás a punto de ser atacado por un tigre dientes de sable, esta respuesta te puede ayudar a sobvrevir, pero no cuando estás sentado en el tráfico”, dice el Dr. Redford Williams, un internista en Universidad y Centro Médico Duke en Carolina del Norte.

Estas hormonas pueden provocar aumento de peso, mayores niveles de azúcar y alta presión arterial, sin contar la irritabilidad y hostilidad contra uno mismo y contra otras personas.

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