Crianza, Familia

Guía para las emociones de los hijos

  • ¿Es importante enseñar a los niños las palabras que representan las emociones? Por supuesto. Pero no insistas demasiado en que tu hijo hable de sus sentimientos.

emociones de los hijos

¿Qué piensas acerca de cómo controlar tus emociones?, ¿Qué estás enseñando a tu hijo cuando le pides controlar sus emociones?, ¿Cuál es el mensaje que está recibiendo?

Todos nos preocupamos por controlar las emociones de nuestros hijos. Después de todo, son las emociones las que tan a menudo nos llegan sin avisar y en el momento menos adecuado. Los niños no pueden correr a la calle, tirar su comida unos a otros, o hacer pis en su hermano pequeño, pero el establecimiento de límites a la conducta de los niños no significa que tenemos que poner límites a lo que sienten.

De hecho, en realidad no se puede prevenir el enojo de nuestros hijos, es algo que no podemos controlar. Decirle a tu hijo que no llore o que no se enoje crea otros problemas; ya que al decirlo estás dando el mensaje de que debe de tener miedo o vergüenza cuando sienta esas emociones. Por desgracia, cuando los seres humanos reprimen las emociones, las emociones ya no están bajo control consciente, pasan al inconsciente y tarde o temprano surgirán de una forma camuflageada en la que se vuelve difícil identificar lo que estás sintiendo.

Expresar las emociones es una necesidad que todos tenemos. Tratar de controlar las emociones de nuestros hijos los va a llevar a sacarlas de otra forma destructiva. Así que negar la emoción no no ayudan a controlarlas. Así es como un niño realmente aprende a controlar sus emociones:

  1. Modelamos la inteligencia emocional resistiendo nuestras propias “rabietas”, tales como gritar. En su lugar, manejamos un tiempo de espera para poder calmarnos. Después de todo, los niños aprenden de nosotros. Cuando gritamos, aprenden a gritar. Cuando hablamos con respeto, aprenden a hablar con respeto. Cada vez que modelas frente a tu hijo, le estás enseñando a tu hijo la regulación emocional. (La mayoría de nosotros todavía estamos trabajando en esto…)
  1. Es importante tener como prioridad el ir generando una conexión profunda con nuestros hijos. Los bebés aprenden a calmar sus molestias al ser calmados por sus padres. Pero incluso los niños mayores necesitan sentirse conectados con nosotros. Cuando los niños sienten que estamos encantados con ellos, quieren cooperar con nosotros y hacen las cosas con ganas.
  1. Aceptamos y empalizamos con los sentimientos de nuestros hijos, (“Oh, cariño, sé que es decepcionante …. Las cosas tristes no siempre salen como queremos”). Hay que buscar que nuestro niño aprenda que las emociones pueden no sentirse bien , pero no son peligrosas, por lo que aprende a aceptar lo que siente.  No tiene que gritar para ser escuchado. Y cuando nuestro apoyo le ayuda a aprender que  puede vivir a través de los malos sentimientos y el sol sale el día siguiente,  comienza a desarrollar la resiliencia.
  1. Guiamos su comportamiento, pero resistimos la tentación de castigar. Azotes, golpes, tiempos muertos, consecuencias, y avergonzar no dan a los niños la ayuda que necesitan con sus emociones. De hecho, los niños reciben mensajes de que las emociones que les impulsaron a “portarse mal” son malas. Así que los niños tratan de reprimir esas emociones, y su mochila emocional se vuelve aún más completa. Esa es una de las razones que conducen más al mal comportamiento -esos sentimientos siguen burbujeando fuera de la mochila emocional en busca de la curación. En lugar de castigar, ayuda a tu hijo a mantenerse con orientación positiva y ayúdalo a procesar las emociones. (que simplemente significa que ayudamos a que aprendan las habilidades hasta que puedan hacerlo por sí mismos.)
  1. Ayudamos a nuestro hijo a sentirse lo suficientemente seguro para sentir sus emociones, incluso mientras limitamos sus acciones (“Puedes alterarte tanto como quieras, pero no voy a dejar que te hagas daño.”) Cuando los niños no están controlando sus emociones, es porque no pueden, en ese momento. Si puedes permanecer compasivo, tu hijo se sentirá lo suficientemente seguro. Si lo puedes ayudar a llorar, esos sentimientos se evaporarán – y la ira de querer actuar impulsivamente desaparecerá también.
  1. Actuemos como el adulto. Cuando los niños se preocupan de que no somos realmente capaces de satisfacer sus necesidades, ellos empiezan a trabajar duro para hacerse cargo de ellos mismos. Pero lo que es aún peor para su desarrollo es que dejan de venir a nosotros con sus lágrimas y temores. No confían en nosotros con su vulnerabilidad. Ellos tienen que mantener sus defensas. Y eso significa que no pueden relajarse y hacer frente a las cosas que los asustan (también conocidas como tareas de desarrollo apropiadas para su edad), como aprender a trabajar en conflictos con sus compañeros y tomar el riesgo de probar cosas nuevas.

¿Es importante enseñar a los niños las palabras que representan las emociones? Por supuesto. Pero no insistas demasiado en que tu hijo hable de sus sentimientos. Mejor céntrate en la simple aceptación de las emociones y ofrece amor, incluso si tienes que limitar las acciones de tu hijo.

Las emociones no son malas, son sólo una parte de la riqueza del ser humano.

No solemos tener la posibilidad de elegir lo que sentimos, pero siempre tenemos la posibilidad de elegir cómo actuar.

Cuando te sientes cómodo con tus sentimientos, les da más control sobre su comportamiento.

Los niños que se criaron de esta manera aprenden a “controlar” sus emociones porque tienen una vida emocional sana, no porque se les ha dicho como deben sentirse o han sido castigados o avergonzados por sus sentimientos.

¿Suena difícil? ¡Es! Como adultos todavía seguimos trabajando en “controlar” nuestras propios “rabietas”, pero hubiera sido mas fácil aprender a manejarlas si desde chicos nos hubieran enseñado a hacerlo.

Esther Fasja

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